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miércoles, enero 17, 2007

Algunos parques de Montjuïc

El domingo por la tarde me subí al metro con la intención de llegar al otro castillo de Montjuïc, que no conozco en absoluto (de hecho, al primer castillo se lo llama Museo Nacional de Arte de Cataluña). Se hizo de noche antes, pero pude recorrer dos de los parques ubicados en este monte.

Bajé en Poble Sec, encontré una tienda china y finalmente pude comprar las pilas de la cámara. Llegué al Teatro Libre por una calle lateral:



Esto, según un mapa un tanto viejo, es el Palau de las Arts Grafiques. Tengo mis dudas, ya que los edificios públicos cambian de función con bastante frecuencia (en el mismo mapa aparece el Teatro Libre como Palau de la Agricultura, por ejemplo).


No tenía mucha idea de cómo llegar al castillo, pero sabía que estaba al otro lado del monte. Así que decidí subir por el costado del Museo Nacional.




Cruzando una avenida me encontré con algo que, según es el ayuntamiento, es parte del Parque del Teatro Griego y según un cartel son los Jardins de Laribal. Ya había estado con Pablo y Julián, aunque al parecer sólo habíamos recorrido una pequeña parte, la superior. Esta foto está tomada desde el acceso inferior, lo que hay a la izquierda no es una escalera, sino que forma parte de una fuente. Por el medio baja el agua como por un canal con pequeñas cascadas.


Una fuente que había por ahí. Por más que intenté fotografiar un pájaro raro que bebía en ella, en cuanto apuntaba la cámara se escondía detrás.


En este parque hay varias estatuas y rosedales. Las fotos de las primeras no me salieron bien, y los rosedales parece que no están en estación, así que se las debo para otro momento.

En la parte intermedia hay una galería descubierta con miradores.


Este camino no sé adónde lleva. Probablemente a otra zona del parque que me haya quedado por conocer...


Una vista de la ciudad, con bruma:


Este restaurante está ubicado en el medio del parque. Se puede acceder por ascensor (lo de la izquierda), y estaba cerrado. Es que, pese a ser domingo, los visitantes no éramos más de una decena.


La fuente de la fotografía del principio, de la mitad para arriba.


Y de la mitad para abajo. Algo similar es lo que había visto en el Parque del Guinardó, aunque sin tanto declive.


En esta zona del parque hay setos rodeando los árboles y rosales del interior. Ojalá estos últimos estuvieran florecidos, parece que los hay de todos colores.


Subí por esta escalera creyendo que me llevaría a la parte superior del parque, pero me equivoqué. Entré al parque del Teatro Griego.


Esta escalera es de estilo andaluz (granadino, según el cartel). Al parecer, a principios de siglo pasado era la forma más rápida de desplazarse entre dos barrios, aunque ahora sólo la usan los turistas y las parejitas. Yo no me apoyaría en la barandilla (después mostraré por qué)


El paseo del Teatro Griego. Había algunas petunias en primer plano y detrás muchos rosales sin flor. Supongo que debe ser espectacular entrar por aquí, de noche, y en su mejor época, para ver una obra de teatro al aire libre.



Lo de atrás es el Museo Nacional de Arte:


El Teatro Libre y el Passeig de Santa Madrona (la avenida):


El Teatro Griego. Lamentablemente no pude bajar porque estaba en obras y rodeado por vallas:



Ya tengo dos secciones. Una es la de fotos con gatos y otra la de fotos de ventanas. Voy a contribuir a la segunda:


Se hizo de noche y quedaba poco para que cerraran el parque. Subí por las escaleras andaluzas que mencioné antes. Descubrí que las barandillas formaban parte de la fuente:


Mientras me perseguía el cuidador para cerrar el parque a mi salida, atravesé el Paseo de las Esculturas. Fotografié una, muy rara:


No tenía sentido seguir camino hasta el castillo de Montjuïc, así que emprendí el regreso. Esta es la fuente del comienzo, en un parque que nunca cierra, y por el cual bajé hasta Plaza España.

lunes, enero 08, 2007

Más Barcelona

Ayer domingo decidí salir a caminar para tomar un poco de aire. Decidí llevar la cámara, que no tenía pilas, y comprar un par en el camino si podía.

Sabía que entre mi barrio y el mar se encontraba un parque enorme, el Parc del Guinardó, ubicado en la cima de un monte. El ascenso fue bastante duro, pero llegué a un bosque agreste y húmedo donde los senderos habían sido marcados por las pisadas de sus visitantes. Era un lugar muy lindo y con una vista panorámica impresionante. Seguí en dirección al mar y llegué a la parte sur del parque, donde aparecieron los caminos hechos por el ayuntamiento y una serie de fuentes sencilla y muy bonita. Aunque no sé mucho de esto, creo que representaban un acueducto en miniatura, con el agregado de alguna que otra pequeña cascada. Uno podía seguir el camino del agua, desde la cascada inicial hasta su desaparición en la última fuente, siguiendo los canales hechos en piedra. En esta zona sur el bosque deja de ser agreste para convertirse en un grupo de setos prolijamente cortados.

Salí y pronto llegué a la iglesia de la Mare de Déu de Montserrat, sita en la avenida del mismo nombre. Esta iglesia es una construcción muy rara, ya que combina al menos tres estilos. Lo más llamativo es el campanario, que está hecho sólo de vigas de metal y vidrio (cristales). Yo diría que es posmoderno, aunque no sé mucho de arquitectura.

Seguí bajando y llegué sorprendentemente rápido al Hospital de Sant Pau. Como no había podido comprar pilas, seguiré debiéndoles las fotos. Allí podía doblar por la diagonal que lleva a la Sagrada Familia, pero decidí seguir hacia abajo, hacia la Torre Agbar o Torre de Agua (Agbar es la empresa encargada de la distribución de aguas en Barcelona). Es una construcción de forma fálica que supuestamente representa un géiser, y cuyo color cambia ligeramente según el sol. Alguna noche de estas iré para fotografiarla cuando está iluminada, por lo que vi vale la pena.

Llegué entonces a dicha torre, y aunque estaba la estación de metro de Glòries allí (llevaba un tiempo sin ver ninguna), ya que nunca había estado en esta zona seguí caminando. Vi pasar el tranvía y decidí seguir sus vías para subirme a él.

Bajé por la avenida Diagonal. Cuando planificaron el Ensanche (Eixample), que es una zona cuadriculada de la ciudad, se dieron cuenta de que para agilizar el tránsito se necesitaban diagonales. Además de Paral·lel y Meridiana crearon la avenida Diagonal, que tiene un ángulo raro y atraviesa toda la ciudad.

Junto a esta avenida se encuentra el centro comercial Glòries, cuyos comercios estaban casi todos cerrados. Sólo trabajaban los juegos para niños y los cafés. Dicho sea de paso, este centro comercial también es a cielo descubierto, aunque el Heron City me gusta más, porque en el Glòries priman los ángulos rectos y el suelo, blanco y gris, no me gusta mucho. El terracota de sus paredes lo mejora bastante, de todas maneras. Bueno, la cuestión es que vi un Starbucks, y como nunca había ido a ninguno, entré y acepté la recomendación del dependiente (café, nata - crema en Argentina -, chocolate y jarabe de chocolate). Me gustó.

Seguí bajando por Diagonal y finalmente encontré una parada de tranvía. Con el mismo ticket se puede combinar, durante una hora y cuarto, entre tranvías, autobuses, metro, ferrocarriles de la Generalitat, trenes de cercanías y funiculares, con la condición de que no se pase el ticket dos veces seguidas por el mismo medio de transporte (si uno entra al metro, sale y vuelve a entrar, te cobran dos viajes). Como nunca me había subido a un tranvía, decidí pasarme un par de paradas para que el viaje fuera más largo y terminar el regreso en metro. Al subirme sentí esa ansiedad de quien sabe que está a punto de humillarse a sí mismo en público (en los colectivos de Buenos Aires siempre lo hago: se me caen las monedas, me olvido de decirle al chofer cuántas zonas quiero, me olvido el boleto y me llaman...). Por suerte, la máquina para validar el ticket está bien visible, y sólo cinco personas se dieron cuenta de que era mi primer tranvía. El viaje está muy bueno, aunque seguramente hubiera sido mejor hacerlo de día. Los catalanes saben de su potencial turístico, y en los vagones abundan las ventanas.

Una foto del tranvía en Diagonal, ajena y diurna:


Regresé al piso. La cámara de fotos, todavía sin pilas, agradeció el paseo. Luego salí a cenar afuera con Mai, y se terminó el domingo.

domingo, diciembre 31, 2006

Terminó el 2006

Recién terminó el 2006 en España, 4 horas antes que en Argentina. Desde aquí quiero enviarles un abrazo a todos los que me conocen, y también mis felicitaciones a Germán y Ana, que ayer se casaron a más de 10000 kms. de aquí. Les deseo lo mejor, me hubiera gustado mucho estar ahí.

Es común desear un 2007 mejor que el 2006. La verdad es que yo no me puedo quejar del 2006, que empezó con playa, Civilization IV y vida de verano. Después de algunos meses un poco áridos llegó la decisión de venir a España. Hacía muchos años que lo venía pensando: a los 17 ya soñaba con irme a otra ciudad de Argentina, pero cuando tuve la doble nacionalidad el horizonte se abrió. De lo que conocía, Ushuaia me parecía la mejor opción. De lo que no conocía, lo eran Grecia, Alemania, la República Checa... Aunque veía a España más bien como una puerta de entrada, la verdad es que es un lugar excelente para vivir, incluso si se hablara aquí otro idioma seguiría siéndolo. Estos últimos 6 meses fueron una de las épocas más felices de mi vida, y eso se lo tengo que agradecer a Barcelona enteramente, no tuve más responsabilidad en esa felicidad que organizar todo y subirme a un avión, yo no venía con ningún estado de ánimo especial.

Así que, al menos por ahora, me quedo aquí. En estos seis meses no he viajado mucho, aunque sí he viajado de la manera que me gusta a mí. Llegar a una ciudad y estar un día o dos viendo sus monumentos está muy bien, pero siempre preferí tratar de conocer su cultura, y para eso no es suficiente con ver La Comunidad. En este sentido, estuve los últimos meses conociendo esa parte de Barcelona que no se puede fotografiar pero que pasa a ser parte de uno. De la que se puede fotografiar todavía me quedan un sinnúmero de playas, el Pueblo Español, el otro castillo del Mont Jüic, barrios enteros, la Torre del Agua, edificios de Gaudí y otros modernistas, parques de diversiones, ramblas, etc. Esa es una Barcelona hermosa, pero no sería más que un amontonamiento de construcciones sin la otra parte de Barcelona, esa que desde el segundo piso de un bus turístico sólo se intuye.

Creo que debería trabajar de camarero, guía turístico, o cualquier cosa que me permita vivir en una ciudad diferente cada unos meses. De todas maneras, el trabajo actual está bueno porque me permite conocer muchísima gente de aquí. Y dentro de un par de semanas parece que nos van a trasladar a todos a un super piso nuevo en una zona muy comercial de Barcelona, y llevarán a ese lugar a toda la gente de Citibank y a todos los suecos y suecas que están en Aragón. Según me han dicho, es casi seguro que yo vaya ahí, aunque puedo influir en la decisión y quedarme en el lugar actual. Pero parece una buena oportunidad para practicar mi inglés...

Pasar el fin de año aquí está muy bien. Pero me hubiera gustado más estar en Argentina, diciembre era un mes especial por muchas razones. Pero estoy aquí. Agradezco cumplir los 30 en España, cumplirlos sin haber pisado nunca Europa hubiera sido muy angustiante. Una cosa es estar empezando una nueva vida, y otra muy diferente es seguir viviendo por inercia en una ciudad y una sociedad que me parecían tan hostiles antes como ahora.

Supongo de todas maneras que el 2007 será mejor que el 2006. Aunque ya casi desapareció la sorpresa constante que tenía los primeros meses, cada día vivo un poco mejor y disfruto con aquello que antes sólo me deslumbraba. Por ejemplo, cuando estoy aburrido, bajo en metro y paseo tranquilamente por calles que tienen cientos de años. O camino junto a lugares que, desprovistos de su majestuosidad, embellecen la ciudad. Ahora que lo pienso, nunca camino por la costa, prefiero las calles de la ciudad.

No me queda claro por qué escribí esta nota. Tal vez no debería haber tomado cerveza. En todo caso, mi intención era decir esto:

Espero que en este 2007 encuentres lo que estás buscando. ¡¡¡Feliz Año Nuevo!!!

jueves, diciembre 28, 2006

Paseando

Estas últimas dos semanas no salí de Barcelona, aunque aproveché para caminar por sus calles. No llevé cámara de fotos, en parte porque iba a visitar zonas en las que estuve muchas veces y no esperaba encontrar nada nuevo (asumir eso aquí siempre es un error).

El domingo 17 bajé hasta Diagonal para ver si en La Pedrera había mucha gente. Aquí muchos lugares que normalmente son de pago durante el invierno pueden ser visitados gratuitamente, entre ellos La Pedrera, los domingos después de las 3 de la tarde. Pero como había mucha cola seguí rumbo hacia Plaza Cataluña. Me habían hablado de una calle comercial, paralela a las Ramblas, y a sólo 100 ó 200 metros de distancia, por la cual supuse que había pasado sin prestarle atención. Pero no, creo que nunca había estado ahí, y por las compras navideñas había una cantidad impresionante de gente, estaba todo el mundo allí. Es como la peatonal de Mar del Plata, pero unas cuatro veces más ancha, con la misma densidad de gente que dicha peatonal en verano, aunque todo el mundo estaba de buena onda ("de buen rollo") y tranquilo pese a ser invierno.

En el cruce con la Gran Vía estaban dos empleados municipales asegurándose de que tanto los peatones como los que iban en coche respetaran el semáforo, eso me llamó mucho la atención. Seguí caminando por el Casco Antiguo y el Borne, me metí en una galería bajo techo (aquí no he visto más de un par), y salí a la parte trasera de una iglesia enorme que tampoco había visto nunca, con un rosetón (ventana circular con vitrales) también enorme, llamada Iglesia de Santa María del Pi. No se podía entrar sin pagar porque había un concierto de música clásica, así que seguí camino por las calles semidesiertas del Borne (era día de compras, no de turismo). Caminé por la calle del Call, en la que pude ver restos de la muralla romana. Finalmente, ya no pude más de hambre y entré a McDonald´s, que era el objetivo del paseo, debo admitirlo.

El fin de semana de Navidad fue largo, ya que el lunes y el martes fueron feriados. Me quedé en la ciudad, y el martes 26 bajé para caminar por el Parque de la Ciutadella. Ya en el metro decidí empezar en el Hospital de Sant Pau, que sólo conocía fugazmente y por fuera. Es una construcción (de hecho, varias construcciones próximas) de estilo modernista, y está comunicado con la Sagrada Familia por una diagonal. Ya le sacaré fotos la próxima vez que vaya, pero al que visite la ciudad le recomiendo conocer este lugar, la fachada es impresionante (sobre todo la cúpula), y entre los edificios hay una placita en la cual uno se encuentra rodeado por edificios modernistas. Curiosamente, la fuga para los internos es muy sencilla, ya que pasando entre los edificios se puede llegar a la calle. De todas maneras, visualmente uno queda separado de la ciudad, sobre todo por los árboles y desniveles que mantienen oculto el mundo exterior.

Bajé por esa diagonal hasta la Sagrada Familia, cuya taquilla ya estaba cerrada, pero se podía pasar gratis a un lateral al que nunca había accedido. Ya prácticamente de noche llegué al Parque de la Ciudadella, sin mapa y sin perderme (todo un logro, incluso en la zona cuadriculada de la ciudad, creo que ya entendí cuál es el proceso para orientarse aquí). Aunque mi intención era pasear por ese lugar tan calmo en el centro de Barcelona, ya estaba empezando a hacer frío así que me metí otra vez en el Borne, di unas vueltas, caminé junto a un nuevo trozo de muralla romana (que conforma la parte trasera de una iglesia), vi a un malabarista en la plaza de la Catedral, y otra vez terminé mi recorrido en el McDonald´s.

Ayer miércoles bajé al centro para encontrarme con Mai, que me llevó por una zona que yo creía que había recorrido por completo. Error. Entre la calle comercial y las Ramblas, en esos 100 ó 200 metros, oh sorpresa, apareció una plaza con césped (en esa zona las plazas tienen baldosas). Esta plaza tiene una forma de cuenco y se la atraviesa por un puente. Mai me dijo que mirara lo que había a los costados del puente. Tumbas romanas al descubierto, ni más ni menos. Parece ser que las encontraron mientras excavaban para hacer un parking (estacionamiento), y aunque fue una lucha ardua la gente consiguió que se detuvieran las obras y se hiciera esa plaza ("de Madrid", se llama). Desde ahí nos fuimos a un bar hip (de moda), llamado Menàge à trois, pasamos por el FNAC (un Musimundo enorme), donde ofrecían por 15 euros un sistema para doblar la ropa (cuatro placas de madera unidas por bisagras), y regresamos al piso.