En Argentina
El miércoles por la tarde me llamó mi madre y me dijo que mi padre había muerto, la noche anterior, mientras dormía en un hotel de Buenos Aires (estaba en un viaje de trabajo). Así que, todavía aturdido por la noticia, empecé a prepararme para irme de la ciudad.
Esperé entonces a que mi hermano tuviera listo su viaje de regreso, ya que tenía la posibilidad de cambiar su pasaje de regreso, pero la atención telefónica de Iberia ya estaba cerrada. Así que a primera hora del jueves nos llevaron al aeropuerto de Barcelona. Le cambiaron el pasaje, yo compré el mío hacia Madrid, y salimos a eso de las 9.
En Barajas no pude verlo, ya que tuvo que cambiar de vuelo enseguida y salió hacia Buenos Aires al mediodía. Yo nunca había estado en ese aeropuerto, y además de ser enorme, ni siquiera sabía dónde se compraban los pasajes. Intenté averiguar por teléfono (la asistente automática de LAN Chile apesta), y finalmente me dijeron desde Barcelona que había lugar en Aerolíneas Argentinas.
Me subí a un autobús, llegué a la terminal 1 y compré el billete. No funcionaba ninguna de los ordenadores de la ventanilla, así que el vendedor tuvo que irse a un lugar alejado, mientras yo hablaba con él a la distancia. La impresora no funcionaba, así que la compra me llevó una media hora. Estaba por viajar a Argentina, estaba claro. Por cierto, tampoco me servía comprarlo por Internet, porque Aerolíneas, a diferencia de cualquier empresa europea, no te permite imprimir un papel que te sirva de pasaje, y no tenía tiempo como para esperar una entrega a domicilio.
El viaje era a las 22, y todavía era mediodía. No sólo no había dormido esa noche, sino que el día anterior había dormido sólo tres horas. Sólo puedo decir que la espera se hizo eterna, y no me sentía con ánimos de irme a recorrer Madrid, así que para no dormirme me entretuve caminando por las terminales 1, 2 y 3, que están conectadas entre sí. Me quedé a mitad de la tarde sin batería en el móvil. No hay locutorios en Barajas, y los teléfonos públicos de Telefónica te comen el dinero a menos que uno espere unos segundos hasta que aparezca en pantalla "inserte monedas", y eso cuando funcionan.
A las 18 empecé a hacer la cola para despachar la maleta, que me estaba molestando demasiado. Las empleadas de Aerolíneas llegaron 15 minutos tarde, y se tardaron 25 minutos en decidir qué rollo de papel le correspondía a cada una. Parece ser que, después de 3 días de paro, ya se habían olvidado de todo. Porque esa noche habría dos vuelos, para que la gente que se había quedado varada en Madrid pudiera viajar.
A las 22 subí al avión, y una sorpresa agradable fue saber que el viaje duraría 2 horas menos que cuando fui a España. Parece ser que todos los vientos del Atlántico van siempre hacia Mar del Plata, y ahora me ayudaban.
En el aeropuerto de Ezeiza (Buenos Aires) no había viaje directo a mi ciudad, y como quería llegar lo antes posible me fui hasta la terminal de Retiro, hablando con otro marplatense. Allí nos quisieron estafar al trasladar el equipaje, y lo lograron al cobrarnos 4 pesos por un cortado. Llovía en Buenos Aires, aunque no hacía demasiado frío.
En el camino a Mar del Plata me gustó ver que se estaban haciendo obras en la autopista. Cerca de Mar del Plata el panorama era más desolador: campos inundados, e incluso algo que no había visto nunca, un par de vacas muertas, no sé si de hambre o de frío (caía aguanieve).
El marplatense con el que venía llamó a su hermano y muy amablemente me llevaron hasta la casa de mi madre, donde me abrió la puerta mi primo Cristian. Desde allí fui al velatorio y al entierro, donde me esperaban ya que era el último en llegar (mis hermanos ya habían llegado desde Estados Unidos y Barcelona). Sobre la ceremonia no escribiré.
Pienso quedarme en Mar del Plata un par de semanas (todavía no compré el pasaje de regreso). Voy a aprovechar que tengo Internet para subir algunas fotos.
Subo un par del trayecto de Buenos Aires a Mar del Plata: