La Pedrera
A fines de octubre vino mi hermana, desde Estados Unidos, a conocer Barcelona, Málaga y Marruecos. Así que intenté mostrarle lo que pude en un fin de semana, aunque las pocas horas de sol y los horarios de los ascensores de la Sagrada Familia nos lo pusieron un poco difícil. La cuestión es que el 29 entramos (con mi hermano también) a La Pedrera, a la que yo nunca había ido, y que es una de las obras más famosas de Gaudí en Barcelona (junto con la Casa Batlló y la Sagrada Familia).
La Pedrera es el nombre popular de la Casa Milà, construida entre 1905 y 1907. Para el que quiera saber cómo llegar, está cerca de la estación de metro Diagonal / Provença, sobre Passeig de Gràcia. Según Wikipedia, es un edificio innovador por su biomorfismo (o sea, porque sus formas imitan a la naturaleza).
Estas primeras fotos son bastante más viejas, son del 2006, pero sirven para mostrar el exterior, hecho en piedra natural, salvo la parte superior, que es de azulejos blancos y busca imitar una montaña nevada.
Sus balcones de hierro forjado parecen plantas trepadoras:
Ahora sí, estas son las fotos más actuales. Después de pagar la entrada (8 euros) accedimos a este patio central:
Esto es mirando hacia atrás, la entrada (con detector de bombas y todo). La puerta es genial, aunque los techos tal vez me gusten más. Aquí no se aprecia muy bien, pero son irregulares, como si se tratara de una cueva.
Gran parte del edificio son ahora oficinas. Para el turista quedan la terraza, un museo y el piso de Gaudí.
Subimos directamente hasta la terraza, antes que quedarnos sin luz. Esto fue lo primero que vimos.
Todas estas esculturas cumplen una función: son salidas de escaleras, de chimeneas, etc. Según Wikipedia, parte de esto no son azulejos, sino fragmentos de botellas.
Desde allí se puede adivinar el Tibidabo, a lo lejos (el punto más alto).
Vista de Passeig de Gràcia hacia el otro lado. Lo del fondo a la derecha es el Montjuïc. Abajo se ve la parte superior de un balcón.
Se tenía una buena vista de la intimidad ajena desde aquí. Desde una parte se podía ver con toda claridad todo el interior de un baño.
Más fotos todavía de la terraza:
Hacia el norte, mi barrio (creo).
Este es un intento fallido de fotografiar el atardecer (habrá alguno más, fallido también).
Estas salidas de chimenea representan un soldado con la cabeza cubierta por un yelmo. Y con un cuello muy largo, también.
Típica calle del Eixample (el Ensanche, un barrio diseñado hacia 1900, cuadriculado y con manzanas de 200 metros):
En esta el sol me quedó un poco mejor, pero el edificio que parece una mezquita me quedó peor. Por suerte no me dedico a esto.
Debajo del arco central se ve la Sagrada Familia. A la derecha, la Torre Agbar con su forma inconfundible (estoy practicando eufemismos):
Ahora se ve un poco mejor eso que parece una mezquita:
Después de todas estas fotos (y muchas más que no subí), nos dimos una vuelta por el museo. Estaba muy interesante, y era fuertemente audiovisual. Vimos unos breves vídeos sobre diferentes obras de Gaudí, muchas de ellas estaban ubicadas en Barcelona y ni sabíamos de su existencia. También vimos un documental muy interesante sobre la vida en la ciudad a principios del siglo XX. Sí que ha cambiado Barcelona.
Luego una de las guías nos avisó que ya era de noche. No es costumbre que la gente te diga esto, pero ella quería sugerirnos que subiéramos a la terraza para verla iluminada.
Después ya comenzamos nuestro descenso por las escaleras. Paseamos por dentro del piso de Gaudí, donde lo más sorprendente era el sistema de ducha y la cocina a carbón. Aunque sólo fuera por estos detalles, por un momento pude intuir cómo era la vida en esa época. Estaba todo dispuesto como si estuviéramos a escondidas, esperando a que el dueño regresara del trabajo.
Bajamos rápidamente hasta el patio central. Ya nos íbamos, pero antes de salir saqué una última foto de despedida.