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lunes, octubre 16, 2006

Tibidabo

Esto es sobre el sábado 14 de octubre, cuando subí por primera vez al Monte Tibidabo, el más alto de los que rodean Barcelona.

Pero antes, un par de fotos de un atardecer desde la terraza:



Ahora sí. Bueno, la intención era levantarme el sábado bien temprano para ir a Tarragona, pero eso no fue posible, así que a las tres y media de la tarde bajé rumbo al metro sin saber bien adónde ir, pero con ganas de conocer alguna de las cosas que me faltan de Barcelona. Mirando el mapa de la ciudad, y calculando tiempos, decidí ir al monte Tibidabo, que ya ha aparecido en algunas de mis fotos (es ese monte con una catedral encima). Como he dicho antes, es el más alto de Barcelona, llega a los 588 metros sobre el nivel del mar (es bastante, teniendo en cuenta que está a sólo 10 kms. de la costa). Está ubicado al noroeste de la ciudad.

Había varias formas de acercarse. Elegí ir en tren hasta el Peu del Funicular y luego subirme al funicular que le da nombre al lugar (todo incluido en los 66 centavos del pasaje de metro). Un funicular es aquí un tren que sube por una vía recta, con una inclinación fija y elevada (alrededor de 30 grados), y que consiste en un único vagón que visto lateralmente es un rectángulo (para que el suelo del habitáculo esté horizontal) con un triángulo debajo (para que vaya apoyado sobre las vías). La otra forma de llegar, que es ir en tren hasta Avinguda Tibidabo (y probablemente pagar 2 euros para subir en un funicular "privado") quedará para la próxima.



Al salir me encontré en una especie de pueblito (Vallvidriera) ubicado a mitad de camino entre la base y la cima. Me llamó la atención la torre de telecomunicaciones de Barcelona, que mide casi 300 metros de altura (100 pisos), y que todavía hoy me pregunto cómo hicieron para construirla. De esta torre salen las señales de los (al menos) 10 canales de aire de la ciudad, las radios, etc., y todavía le sobra capacidad. El tercer piso contando desde arriba es un mirador, al que luego me subiría.


Al costado, unas escaleras descendían hasta donde llegaba la vista. Algún día las usaré... la verdad es que luego, cuando regresaba, pensé en bajar por ellas pero no tenía muchas ganas de perderme esta vez.


Los barceloneses saben aprovechar la vista...



De pronto, se acabó la vereda, y no había a la vista ningún camino peatonal para subir el monte. Luego descubriría que simplemente no lo hay, está todo hecho para que subas en coche o uses otro funicular que, ese sí, te cuesta dos euros, y no sé dónde hay que tomarlo. Así que decidí subir caminando por el camino de montaña, yendo por el asfalto porque no había nada al costado. De todas maneras el tránsito no es para nada peligroso aquí.

Después de un rato llegué a un estacionamiento, y explorando descubrí que había un mirador en la torre, y que se podía subir. Decidí ignorar la advertencia de que el ascenso no era apto para personas que sintieran vértigo, pasé por el detector de metales (que, como siempre, sonó... al menos esta vez no era en el aeropuerto de Ezeiza...), y subí. El ascensor tiene tres paredes de cristal perfectamente limpio, y el mirador estará a unos 50 pisos de altura, pero igual no me dio vértigo para nada (tal vez me haya curado, después de la Sagrada Familia...). Aquí hay una foto, desde mitad de camino:


Este es el mirador por dentro:


Cada panel de vidrio tiene, arriba y abajo, el nombre de una ciudad que quede en esa dirección y la distancia. Así me enteré de que Nueva York está a 6178 kms., el polo norte a 5474, y de que Tarragona está a 98 kms. y en línea recta con Buenos Aires, que está un poquito más lejos:



Los vidrios estaban un poco sucios del lado de fuera (yo no los limpiaría, si me preguntan), así que estas fotos no son muy buenas. Además, había una bruma impresionante sobre toda la zona (y no es contaminación, era igual en todas direcciones). Aquí, una foto de la catedral [corrección posterior: Templo del Sagrado Corazón, o Temple de Sagrat Cor]:

Un par de fotos de Barcelona:


Y otra de la Catedral:


Salí, y mientras subía caminando en dirección a la Catedral, descubrí un camino que llevaba a Sant Cugat, un pueblo para gente con mucho dinero a unos 20 kms. de Barcelona. Hice algunos metros y saqué un par de fotos. En ellas se ve uno de los bosques que forman parte de la ciudad, en el cual, según los carteles, habría ciervos:



Y aquí se ve Barcelona, y en primer plano, el observatorio astronómico:


Muy bien, alrededor de la Catedral hay unas casas y un parque de diversiones. Una de las atracciones es este tren que juega un poco con el vértigo de la gente:


Barcelona, zona norte. Entre los tres manchones verdes vivo yo:


El parque de diversiones, visto desde fuera (sale bastante caro, me han dicho). No es nada del otro mundo, está orientado más a niños pequeños:


La Catedral, que en sí no debe ser muy antigua, ya que la parte más vieja está datada en 1886:




Foto desde el café de enfrente a la Catedral. No me queda claro por qué pero hay dos entradas, una inferior (visible en esta foto) y una superior (que permite acceder a la parte "blanca").

Esto es parte de lo que se ve ingresando por la parte inferior:



Vista de Barcelona, desde la terraza de la catedral:


Vista del interior de la parte "blanca", donde se estaba llevando a cabo una boda:


Desde allí, una foto a la torre de comunicaciones:


Y al café que está frente a la Catedral:


Y ya que estamos, a los montes que quedan al oeste:


Entonces emprendí el regreso, también a pie. Desde las escalinatas de la catedral saqué esta foto del pequeñísimo centro comercial que hay allí:


Para los memoriosos, esta foto es del mismo lugar que una de las primeras, desde mitad de la montaña, pero ahora ya durante el atardecer:


Foto a una calle de Vallvidriera, que por cierto tiene una arquitectura muy linda, además de las vistas:


Bueno, de ahí me subí al funicular, luego el tren, luego el metro, y regresé al piso en bastante menos de una hora. Aunque estaba bastante cansado, había llegado una amiga gaditana (de Cádiz) de Mai, mi compañera de piso, y nos fuimos a cenar unas tapas por ahí.

Me acosté temprano, ya que el domingo tenía decidido ir sí o sí a Tarragona...

lunes, octubre 02, 2006

Molins de Rei

Esto es sobre el fin de semana del 29 de septiembre al 1 de octubre.

Outlet

El viernes regresé absolutamente dormido al piso. Normalmente, duermo unas 10 horas el viernes y el sábado por la noche, y los demás días duermo entre 4 y 7 horas. Así que el viernes existo básicamente por inercia. Al rato de llegar, Mai, mi compañera de piso, me dijo que quería ir al outlet a comprarse unos tejanos (jeans), y me preguntó si quería acompañarla. Acepté, porque no me iba a acostar tan temprano y para ver cómo eran los outlets aquí, yo me imaginaba un galpón gris con neones de verdulería y unos puestos deprimentes. Empecé a sospechar que estaba equivocado cuando salimos en su coche, un Peugeot 206 descapotable (aunque con la capota puesta), hacia el noroeste, abandonando la ciudad a través de túneles bajo tierra primero y luego a través de una autopista que atravesaba pequeños montes. La infraestructura de transportes aquí es impresionante, desde estos túneles de kilómetros de largo hasta las rotondas "aéreas" (esto es, sostenidas por pilares y ubicadas por encima de otras autopistas que se cruzan).

El outlet, ubicado en Roca del Vallès, es un lugar construido como si fuera una calle de pueblo, con tiendas a ambos costados. Vas caminando por entre ellas y entrando a los diferentes comercios, que son luminosos y coloridos, y aunque todos tienen una fachada similar, cada uno tiene en su interior un estilo diferente. Y cada uno es de una marca particular, entre las cuales figuran desde UFO y Diesel hasta Versace. O sea, un outlet aquí es un lugar donde se vende ropa de marca, pero por lo menos un 15% más barato que en la ciudad (ya que tienen que pagar menos por el alquiler de la tienda, creo). Hay que tener en cuenta que a veces los modelos más nuevos no están en el outlet, supongo que porque intentan marcar tendencia en Barcelona y además preferirán que la gente compre ahí.

Cuando todo cerró regresamos a la ciudad, comimos unas tapas por ahí (probé el pulpo), y ya sí me acosté a dormir.


Molins de Rei

El sábado me levanté tarde, y mientras me preparaba el almuerzo Mai me llamó para pedirme un favor: que bajara hasta el Born (La Ribera) para llevarle unas llaves que se había olvidado. Así que suspendí el almuerzo, bajé en metro, y me quedé tomando un café con ella y otra chica.

Como se me hizo tarde para regresar al piso e irme hasta Molins de Rei, fui directamente hasta este pueblo. Había salido sin la cámara de fotos, y por una extraña coincidencia las dos hermanas que me habían invitado a ir tampoco llevaron. Así que no hay fotos, y como había mucha gente pero ningún guiri, sólo hay un video en YouTube.

Resulta que María José, una compañera de trabajo andaluza que es muy simpática, y que vive en Molins de Rei (pueblo ubicado a 13 kms. al oeste de Barcelona), me había invitado a ir a ver las fiestas del pueblo y quedarme a cenar. También estaría Isabel, su hermana y también compañera de trabajo.

Llegué muy sobre la hora, así que no pude comprarme el sombrero de paja y el pañuelo típicos de la fiesta (y con los cuales se financian parcialmente). La fiesta consiste en esto: a las 8:30 apagan todas las luces de las calles del pueblo, y un camello gigante, en cuyo cuerpo van unas cuantas personas, va recorriendo todas las calles. El camello mide 6,75 mts. de largo y 5,30 de alto. En su boca se colocan bengalas, que apuntan en diagonal hacia abajo, y que cuando se terminan explotan y vuelan, encendidas, en cualquier dirección. El camello tiene dos posiciones: una horizontal, donde las bengalas apuntan a los pies de la gente, y otra "en dos patas", donde eleva la cabeza y hace una lluvia de chispas que llega a varios metros. A veces giraba sobre sí mismo, para echar fuego sobre los desprevenidos que se creían a salvo por ir detrás, y a veces salía corriendo hacia delante, hacia el apelotonamiento de gente que se apartaba despavorida de su paso.

Cerca del camello van algunos bomberos voluntarios disfrazados de piratas, que llevan una mochila con agua y una pistola a presión para apagar a la gente. El año pasado tuvieron que apagar con esas pistolitas una palmera que se había prendido fuego, la gente los aplaudía. El novio de María José era uno de estos bomberos, que además cada tanto tenía que rociar al camello mismo, ya que hace unos años se quedaron sin fiesta porque se les prendió fuego la cabeza del muñeco, hecha de cartón prensado.

Lejos del camello, y metidos entre la gente, van los "diablitos", personas disfrazadas que llevan un bastón especial. De manera sorpresiva, colocan una bengala en el bastón y la levantan, y hacen una especie de paraguas de chispas. El diablo queda en el centro, a salvo, y toda la gente que estaba apiñada a su lado sale en estampida para no quemarse.

Los diablos normalmente se ubicaban unos veinte metros por delante y por detrás del camello, de tal manera que todos quedáramos acorralados y buscando una salida (inexistente). Entonces todos nos echábamos sobre las paredes, y se formaba instantáneamente en la calle un corredor por el cual los diablitos corrían, con sus bengalas persiguiendo las piernas de la gente. En una de las pasadas me llenaron a mí de chispas, por suerte mis pantalones, de material inflamable, no se quemaron...

También había algunos diablitos escondidos en las terrazas, aunque esos preferían arrojar agua en vez de fuego.

El camello luego llega a la estación de trenes. Esta estación tiene una gran escalinata que desciende hasta la calle. Cuando llegamos ahí, la escalinata estaba llena de gente, con camperas de jean y sombreros de paja, unos pegados a los otros y llamando al camello. El camello se acercó, con niños disfrazados bailando bajo las chispas. Entonces, al pie de la escalinata, el camello se puso en dos patas y, yendo hacia adelante y hacia atrás, roció de chispas, una y otra vez, a la gente que estaba ahí. A todo esto, unos diablos ubicados al costado se aseguraban, con sus bengalas, de que nadie intentara escapar. Luego, el camello se hizo paso hasta la parte superior de la escalinata y llenó de chispas a todo el mundo, desde el otro lado. Yo estaba más lejos, porque no tenía sombrero y esas bengalas queman de verdad.






Dando un rodeo por las calles cercanas fuimos a interceptar al camello en otro punto, el cual, luego de hacer algo similar en una escalera (lugar donde pasó en otra ocasión lo de la palmera), y de que se le hicieran dos "regalos" al camello (algo que parecía una cabra, y un caballero articulado de unos cuatro metros de alto, que mientras avanzaba parecía caminar), el camello se acercó a la plaza de la iglesia. Al parecer, el rito se explica así: una noche, en este pueblo español, se abren las puertas del infierno y algunos de sus condenados salen a la superficie, siendo el más grotesco de ellos el camello satánico. Luego de aterrorizar a los habitantes del pueblo, se desata una batalla (verbal) en la iglesia, donde el camello asesino inevitablemente pierde y se retira para reintentarlo el año siguiente.

De ahí fuimos por una calle lateral a la iglesia, sólo para encontrarnos al camello de frente. Según María José, cambiaron el recorrido habitual para sorprender a los lugareños en un callejón sin salida. Por detrás, varios diablos nos cerraban el paso, y tuvimos que aprovechar un descuido para pasar corriendo a su lado.

En la iglesia el camello fue recibido con una cantidad impresionante de bengalas, tantas que cuando algunas explotaban la bengala vecina salía volando, encendida. Yo estaba lejos, pero algunos pedazos de cartón ardiendo pasaron por encima de mi cabeza, y otros cayeron sobre la gente que me rodeaba. Mientras tanto, una banda de heavy metal tocaba la canción más diabólica que sabían tocar, y un papa eufórico gritaba cosas en catalán por el micrófono. El camello entró, hizo un show final y se retiró corriendo.

Entonces comenzaron los fuegos artificiales. No me gustan mucho los fuegos, salvo cuando hay una posibilidad real de quemarse y entra en juego la adrenalina, pero estos fuegos eran realmente magníficos. En vez de ir lanzando de a uno o dos en secuencia, aquí llenaron el cielo durante varios minutos, en cierto momento todo el cielo estaba cubierto de estrellitas doradas mientras las bolas de colores estallaban de a siete u ocho por vez. El gran final fue con las mismas estrellitas (jamás había visto algo así), acompañadas de una secuencia muy rápida de fuegos blancos, tan brillantes que me dejaron medio ciego y tuve que bajar la vista al suelo. Durante todo este tiempo, en la plaza, abarrotada de gente, se hizo un silencio total, y sólo se escuchaba el silbido de los fuegos en su ascenso, seguido por el ruido de las explosiones. Está de más decir que jamás había visto unos fuegos tan espectaculares, creo que es imposible que dejen a nadie indiferente. Me hubiera gustado que hubiera alguien de Mar del Plata para verlo.

Todo lo del camello me pareció una expresión magnífica de cierto salvajismo, de un espíritu de fiesta muy español (aunque yo preferiría decir muy sincero, muy humano). Los poseedores de las bengalas (camello, diablos) mostraban placer en aterrorizar, perseguir y hacerle correr peligro a la gente (sobre todo, a los que no estábamos bien protegidos), y mucha gente disfrutaba poniéndose en el punto de peligro, los niños bailando bajo las bengalas, los más grandes esperando a que el camello les echara el fuego encima. Alguien podrá decir que esto es poco "europeo", que esta barbarie debe ser extirpada del mundo de una vez por todas, pero a mí me pareció una cosa espectacular que debe ser protegida y favorecida para que no desaparezca.

Muchos argentinos utilizan la fiesta española para ejemplificar que somos más civilizados que los españoles, a mí eso me parece falso por muchas razones. Una es que en este caso se trata de una violencia medida, canalizada y justificada, afecta sólo a quienes quieren participar de ella, y aspira a ser una liberación temporal del ser humano (al menos, uno vive esto como una especie de liberación, aun cuando sea más espectador que participante). En contraste, en Argentina la violencia (también presente) me parece que está contenida hasta que explota, sin medida y sin justificación, involucra a inocentes, y sólo se detiene por cansancio o por ser derrotada por una violencia mayor. En Argentina me parece que muchas veces se elige ignorar el "lado oscuro" (por poner una palabra) que todos tenemos, aquí ese "lado oscuro" es aceptado(tal vez por eso aquí se habla, sin pudor y sin groserías, de cosas que en Argentina sólo son dichas como confesión o como chiste soez). Parte de ese "lado oscuro" sería el placer de hacer sufrir (y para las víctimas, el placer de estar en peligro), creo que de eso trataba esta fiesta.

En resumen, recomiendo que cualquiera que esté en Barcelona el último fin de semana de septiembre se dé una vuelta por Molins de Rei. Por mi parte, pienso volver siempre que pueda...

Volviendo al asunto, por supuesto hubo algunos hospitalizados, el más grave fue uno que, pese a llevar sombrero, se le ocurrió mirar hacia arriba justo cuando una bengala descendía. Le estalló junto al ojo, que no sé cómo le habrá quedado. Era, de todas maneras, uno de los que se puso voluntariamente en la línea de fuego, así que conocía los riesgos.

Luego nos encontramos con el novio de María José, que aunque se había lastimado el tobillo esquivando al camello (que, según dijo, "iba un poco a su bola"), estaba muy entusiasmado con la fiesta (yo también), y nos hizo pasar al almacén del ayuntamiento, donde el camello finalmente descansaba, junto con todos los voluntarios que habían hecho posible la fiesta.

Fuimos después a comer a casa de María José, que preparó una cena muy abundante, donde los platos habían sido elegidos con un único criterio: que me gustaran a mí. Había tortilla española con pimientos (morrones) y cebolla, aceitunas, queso de bola y queso curado, bull, jamón ibérico, aros de calamares, patitas de pollo, pan con tomate, flan, etc. Con eso y un tempranillo riojano quedé a punto de explotar. Luego me volví en autobús a Plaza Cataluña (Barcelona), y de ahí me volví, también en autobús, hasta mi piso.

El domingo fue un día de playa, creo que hizo casi treinta grados, pero me quedé tirado mirando unas películas en TV, porque me levanté muy tarde y el sol se pone temprano.

miércoles, septiembre 27, 2006

La Mercé

El pasado fin de semana fueron las fiestas de la Mercè. Esto funciona más o menos así: cada ciudad o pueblo tiene su día de fiesta (y en Barcelona, cada barrio, de ahí las fiestas de Gracia, de Sants, etc.). Las fiestas de la Mercè son las fiestas de la ciudad entera de Barcelona, y como cada ciudad tiene derecho a elegir un día feriado propio, este lunes no se trabajó en toda la ciudad.

Las fiestas comenzaron el viernes y terminaron el lunes por la noche. Durante todo este tiempo funcionó el metro (que normalmente suspende el servicio durante la noche), y en varios lugares de la zona costera de la ciudad hubo un espectáculo tras otro. En teoría, aquellos capaces de sostenerse 90 horas seguidas tienen siempre algo para hacer, porque la fiesta no para.

El viernes, luego de salir del trabajo, y después de cambiarme, salí por la noche a la plaza de la Catedral, donde a las 22:00 comenzaba un espectáculo que fusionaba jazz, música africana y música árabe (aunque más bien fue pasando de un género a otro de manera gradual). Fui con Emily, uno de los polacos, y una pareja nueva de inquilinos de Estefanía, llamados "los ingleses", aunque en realidad se trata de un ecuatoriano de 32 años y una polaca de 21 que vivían juntos en Inglaterra. La polaca viene por Erasmus, y el ecuatoriano (Francisco) vino a ayudarla a encontrar alojamiento pero parece que le ha gustado Barcelona como para quedarse a vivir. Por cierto, Francisco sacó muchísimas fotos, pero todavía no me las ha enviado por email, así que publicaré esto sin ninguna de ellas.

La música me gustó mucho (los instrumentistas eran excelentes), lo que no me gustó tanto fue que me cobraran en un bar 7 euros por un litro de cerveza (luego compraría en la calle, donde los moros la vendían a 1 o 1,50 euros). Por suerte, un litro de sangría en ese bar costaba lo mismo, y era una mejor opción.

De izquierda a derecha: la polaca; Jasek, uno de los polacos (detrás); Francisco, ecuatoriano, novio de la polaca; Emily, estadounidense.


El escenario del show de la plaza de la Catedral, tomado con mucho zoom:



Desde ahí nos fuimos hasta el Fórum, ubicado dentro de la ciudad, al noreste, sobre la costa. Fuimos en metro, la línea 4 no daba más de gente, cuando entramos en el vagón había adelante un grupo enorme que cantaba cosas del alcohol, fumaba porros y se divertía. Al rato se formó atrás otro grupo, más pequeño, que empezó a cantar cosas de fútbol (cada grupo era de un equipo diferente). Por supuesto no se armó ningún lío, acá la gente es más tranquila, en Buenos Aires hubiéramos estado en problemas (estábamos en el medio).

Nunca había ido al Fórum, y los catalanes me habían dicho que era un lugar horrible, una mole de cemento sin nada de verde cerca. Es cierto, lo es, y además está rodeada de una enorme plaza también de cemento, pero junto al edificio principal hay un parque de diversiones pequeño (para lo común en Cataluña) pero muy bueno, con unos juegos que nunca había visto en persona y que parecen ser muy duros. Por ejemplo, en uno hay gente metida dentro de una bola, la cual está conectada con algo elástico a unos postes altísimos, la cuestión es que eso gira de manera caótica a unos cuarenta metros de altura, con la gente dentro... O el ascensor en cuyo exterior vas sentado mientras sube y baja a toda velocidad...

Además de la mole y la feria, había muchas otras cosas. Luego me enteraría de que había carpas de MTV y otras cosas, pero la única que vimos fue la de Movistar, así que entramos, y como era previsible (se trataba de una fiesta de música electrónica) había unos DJs, unas pantallas gigantes y bastante gente que esperaba a que alguien le pusiera un poco de onda. Esa persona no llegó en el rato que estuvimos dentro, y nos fuimos a dormir.

El sábado un compañero de trabajo (Leo) me invitó a su fiesta de inauguración de piso (alquilado). Aquí es costumbre, cuando uno va a una fiesta, llevar no sólo bebida sino también comida, como para que haya variedad y uno pueda comer un poco de todo. Como no tenía ni idea de qué llevar, preparé una pequeña picada y la llevé. Llovía un poco (por suerte no fui a ver a la banda más importante de esa noche, que canceló la función porque era al aire libre). Comí, tomé y charlé (aunque más bien escuché, aquí la gente no tiene miedo ni pudor de hablar de ninguna cosa). Luego me fui con Leo a un bar cercano a la Plaza Real, y de ahí a una discoteca para catalanes vestidos de hippies. Estuvo todo muy bien, pero terminé la noche sin un euro y totalmente destrozado. Por suerte Leo tiene un auto con GPS, porque el regreso en metro se veía imposible.

El domingo a la noche volví a salir con Emily y los "ingleses" a la plaza de la Catedral, donde había un espectáculo más orientado a la música africana. También estaba Estefanía (la del alojamiento en Plaza España) con su madre, su hija Jessica y su sobrina, que tiene unos seis años y bailó desenfrenada imitando a Shakira por un buen rato y luego cayó agotada. Yo también estuve bailando un rato, sobre todo con Jessica, que quería bailar conmigo.

La hija de Estefanía (Jessica), su sobrina y ella:


La música también fue muy buena, y cuando terminó la función Estefanía se fue con su familia y los demás terminamos en Plaza Cataluña. Yo no había tomado nada, pero los demás sí. El ecuatoriano perseguía ratoncitos con la cámara fotográfica, mientras la polaca intentaba que todos cantáramos una canción para niños en polaco que trataba de un hombre vestido de verde. En la Plaza ya no había función de nada, pero al rato apareció un grupo de brasileños y uruguayos unidos por un cable. Uno de ellos llevaba conectado una guitarra, otro un bajo, otro un altavoz, otro simplemente ponía su cuello en juego rodeándolo con el cable, y venían con más gente. Al parecer, venían de una fiesta privada y tuvieron la idea de continuarla en la plaza. La guitarra sonaba horrible, pero supongo que lo que importa es la actitud...

Al rato recogieron una rama de palmera enorme y empezaron a hacer pruebas como pasar de espaldas por debajo de ella, y luego a utilizarla como para saltar a la cuerda. La polaca batió el récord saltando 8 veces seguidas sin caerse (hay video, porque el novio me pidió que la filmara para luego reírse de eso). Después de esto, ya a las cuatro de la mañana, nos fuimos.

El lunes hizo un día de playa, pero me levanté tarde, y decidí ir a las 22:00 a la plaza España (más bien, al castillo del Mont Jüic, cerca de ahí) a ver los fuegos artificiales. Al parecer, hay tres empresas de pirotecnia muy importantes en Barcelona, y cada noche una de ellas mostraba lo que tenía para ofrecer en las playas de Barceloneta. La noche del lunes, en cambio, los fuegos artificiales eran para finalizar La Mercè. Mientras tanto, en el Fórum, tocaba gratis El canto del loco, la banda más importante de España en estos momentos, pero pronto tuvieron que cerrar el recinto porque ya habían entrado 135.000 personas y no cabía ni una más. Previsiblemente, se me hizo tarde para los fuegos artificiales, y cuando llegué a Plaza España ya estaban terminando.

Jamás vi tanta gente junta. Plaza España estaba casi llena (calle incluida), y la avenida que lleva al palacio de Mont Jüic (de unos 800 metros) también. Y toda la zona del palacio. Y estoy seguro de que las calles cercanas. Cuando terminó el espectáculo, me quedé veinte minutos esperando porque quería ir caminando hasta la fuente, pero no dejaba de venir gente por la avenida así que desistí. Tomé un par de fotos malas de los fuegos, filmé los segundos finales, y tomé unas fotos de la muchedumbre (que sólo se ve como un manchón negro, así que no las subo).

De ahí me fui caminando hacia el mar, y luego subí hacia Plaza Cataluña por una calle que tenía muchas mujeres de las que te dicen "¿quieres follar?" mientras vas caminando, o directamente te silban porque no saben si hablas castellano. Luego subí por Passeig de Gracia, donde ya había un montón de empleados desmontando cosas de las fiestas. A la medianoche me metí en el metro, porque sospechaba que podía dejar de funcionar en cualquier momento, y creo que me subí al último tren. Y así terminé el fin de semana de la Mercè. Me quedaron muchas cosas por ver, como los castillos humanos, los desfiles de muñecos cabezudos, y el correfoc ("corre, que viene el fuego"), donde un grupo de profesionales del terror avanzan a todo trapo con unas bengalas de las cuales mejor mantenerse alejado (esto se hace en una calle angosta, faltaba más).

Este video no es mío, pero sí son los fuegos artificiales de la noche que fui:

martes, septiembre 26, 2006

Sobre el catalán

Bueno, escribiré un poco sobre el uso del catalán en Barcelona y un par de observaciones idiomáticas. Probablemente no le interese a nadie, pero estoy aburrido y me olvidé el cable de la cámara como para bajar las fotos y escribir sobre las fiestas de la Mercé, así que igual lo publico.


Uso y costumbres

El catalán, en principio, es la lengua co-oficial (junto con el castellano) de Cataluña. Cataluña, que ocupa la zona noreste de España, tiene cuatro provincias: Barcelona, Lleida (Lérida en castellano), Girona (Gerona) y Tarragona.




El catalán (dicen que) tiene cinco dialectos, de los cuales sé que existen el barcelonés, el de Lleida, el valenciano y el mallorquino. El mallorquino es tan cerrado que un barcelonés normalmente no lo entiende.

El uso del catalán sigue unas normas de buena educación (en Barcelona) que son bastante útiles para alguien que no lo habla (aunque no son muy útiles si uno quiere aprenderlo). En una conversación donde intervienen varias personas (por ejemplo, en una mesa de un bar), es suficiente que haya una persona que no habla catalán para que todos hablen en castellano. Todos los catalanes saben castellano. Por esta razón, apenas salen de sus casas, los catalanes suelen pasarse todo el día hablando en castellano, salvo en alguna conversación persona a persona con otro catalán. Es realmente muy difícil que alguien que está cerca mío hable en catalán, y si lo hace, en cuanto alguien empieza a hablar en castellano inmediatamente conmuta a este idioma. A veces se dan cuenta tarde y en el medio de una oración realizan el cambio.

Esta regla de buena educación también se aplica a otros idiomas. Si en un grupo todos hablan castellano e inglés, pero una persona sólo habla inglés (o no entiende mucho de castellano, o lo entiende pero no lo habla), todos comienzan a hablar en inglés. Suele pasar que la persona que no habla castellano se aleje, y en este caso, normalmente, por inercia, los que quedan siguen hablando en inglés. Normalmente se evita formar grupos en los que no haya un idioma en común, sea cual sea, porque traducir en simultáneo es demasiado engorroso (por ejemplo, si hay una persona que sólo habla castellano y otra que sólo habla inglés, una de ellas probablemente no será invitada a participar).

Existen, volviendo a los catalanes, dos minorías. La más numerosa de las dos está formada por catalanes que no hablan nunca catalán, simplemente prefieren hablar castellano. En este grupo hay personas que han vivido varios años en otras zonas de España, y personas que jamás se han ido de Cataluña, no me queda claro si esta preferencia es una decisión personal, una cuestión de costumbre (por ejemplo, si la persona está en pareja con alguien que no habla catalán), o una postura política.

La otra minoría está formada por las personas que expresan claramente su preferencia por hablar catalán, y yo estimo que no llega al 10% de los nacidos en la ciudad. Normalmente, se trata de personas mayores que han sufrido de alguna manera el régimen franquista y hacen del uso del catalán una cuestión de reivindicación política, o de personas recién llegadas desde los pueblos catalanes, pero también se incluye aquí la nueva generación de estudiantes universitarios, también con ciertas ideas políticas, y que nunca ha trabajado fuera de la universidad. Es que en la escuela primaria y secundaria actual sólo se dictan un par de horas semanales de castellano. En la universidad, el 60% de las clases son en catalán y el 40% restante en castellano. En posgrados, investigación universitaria, etc., hay una gran preferencia por el catalán. Esto hace que, aunque sepan hablar castellano, esta nueva generación se sienta mucho más cómoda con el catalán y a veces le falte un poco de vocabulario cuando se expresa en castellano.

De todas maneras, yo creo que el empleado catalán se pasa la mayor parte del día hablando en castellano. Y en algunos casos a las empresas no les importa que los clientes quieran hablar catalán. Por ejemplo, en la empresa en la que trabajo, donde se hace telemárketing en Cataluña y Valencia, la campaña más grande (de Citibank) no exige que los teleoperadores sepan catalán. La campaña más pequeña, perteneciente a Alpi, una empresa de Internet, sí pide empleados bilingües, pero por decisión de Alpi. El caso más extremo son los teleoperadores de la Generalitat (gobierno catalán), que tienen la obligación de atenderte en catalán pero inmediatamente pasan al castellano en cuanto respondes a su "Bon día" con un "Buenos días". Por cierto, llamando al 010 te dicen desde qué película dan en qué cine hasta qué autobús hay que tomar para ir a cierto lugar, es impresionante lo que saben estos muchachos.

Políticamente, se reivindica el catalán. En aquellas ocasiones donde necesitan indicar algo en catalán y castellano, también lo indican en inglés, creo que para evitar reconocer el peso y la influencia del castellano todo lo posible. Léxicamente, el castellano presiona al catalán, que toma muchas palabras y frases prestadas (incluso cuando tiene equivalencias propias, que se dejan de usar en el proceso).

El único lugar donde todo es en catalán es en los anuncios del metro. La voz grabada que indica la próxima parada sólo lo dice en dicho idioma. Los nombres de las calles también están en catalán. En todo lo demás se usa el bilingüismo o el trilingüismo. Los periódicos locales tienen una mezcla de artículos en catalán y en español, algo así como mitad y mitad. Lo más curioso es que no hay un criterio para esto, puede suceder que una nota sobre algo de Barcelona esté en castellano y otra nota sobre algo de Madrid esté en catalán.

Una costumbre lingüística a tener en cuenta es lo que llamaré la "secuencia de ofrecimiento". Cuando alguien ofrece algo, es costumbre rechazar la oferta por buena educación una cantidad determinada de veces y luego aceptarla, si interesa. La cantidad de veces que se hace el ofrecimiento es limitada, y según he estudiado, cambia según la cultura. En Argentina creo que el número de intercambios es tres, pero en España es claramente uno menos. Esto quiere decir que, cuando le ofrecen algo a un argentino, es posible que se quede con las ganas, a la espera de que el español insista una vez más (pero no lo hará). A la inversa, cuando un argentino ofrece algo, puede sonar un poco pesado para el español (ya que insiste una vez más de las normales, es como si intentara forzarlo a aceptar). Creo que es algo que se debe tener presente, aunque es algo tan inconsciente que es difícil de cambiar. En realidad es necesario un cambio de actitud: aquí, cuando se quiere algo, se lo pide o se lo aclara sin más (los catalanes son en general muy frontales, dicen cosas que en Argentina creo que no se dirían tan abiertamente, simplemente se sugerirían).


Sobrevolando el catalán

Aquí escribiré lo poco (prácticamente nada) que sé del catalán. Posiblemente haya cosas incorrectas que corregiré en cuanto me entere.

Entre los diferentes dialectos no distingo ninguna diferencia salvo la siguiente: el barcelonés cambia las vocales 'e' y 'o' átonas (o sea, sin acentuar) en una especie de 'a' (aunque está a mitad de camino entre una 'e' y una 'a') y en una especie de 'u' (aunque está entre una 'o' y una 'u'). Por ejemplo, "Terrasa" (con acento prosódico en la primer 'a') se dice algo así como "Tarrasa", y "Congrés", "Cungrés". A mi entender, salvo que uno tenga mucho oído (y quien hable pronuncie correctamente), esto hace al barcelonés bastante difícil: si oímos "Barsaluneta", podríamos escribir "Bercelonete" (la correcta es "Barceloneta"). Los otros dialectos no hacen esto, la 'e' y la 'o' son siempre como en castellano. Por cierto, esto hace que "Barcelona" se diga "Barsalona", y "Espanya", "Aspaña".

De todas maneras, muchos de quienes hablan catalán provienen de otras regiones de España y no utilizan ningún fonema que no conocieran previamente. Esto resulta en un idioma que suena a español trabado, con consonantes que sobran ("Jo sóc Fernando" es difícil que suene bien, por la 'c' y la 'f' que se juntan).

Además de esto, las reglas ortográficas del catalán son muy difíciles, en particular las de la 'x', que según la posición puede tener tres o cuatro sonidos diferentes. Además, algunas letras finales, en ciertas circunstancias, no se pronuncian. Y a veces se utilizan acentos de apoyo para indicar únicamente que el sonido de esa vocal no debe ser modificado. Por todo esto, los errores ortográficos de los catalanes son muy, pero muy comunes. Creo que Pompeu Fabra, quien normalizó las reglas ortográficas del catalán, hizo su trabajo a medias, ya que podría haber enlazado escritura y pronunciación de una manera más estrecha y sin tantas excepciones para memorizar.

Una excepción son los apellidos, que se pronuncian según las reglas antiguas del catalán. Por ejemplo, el apellido Puig se pronuncia algo así como "push", aunque la palabra "vaig" se pronuncie "vaish" y no "vash", como uno podría prever. Dos casos muy prudentes son "Colón" (que no es "culón"), y "Collblanc" (que no es "cul blanc").

Para aquellos informáticos que se preguntaban quién coño había decidido colocar en una posición privilegiada (SHIFT + 3) un símbolo en apariencia tan inútil como '·', les diré: los catalanes. Aquí se utiliza un poco, sólo en 'l·l', significando una ele larga: "instal·lació". También es responsabilidad de los catalanes (y tal vez de los gallegos) la cedilla ('ç´). Y el acento grave: 'è'. Otra cosa rara es la 'i' con diéresis: 'ï', que no tengo idea de cómo se pronuncia. Por cierto, la 'ñ' sobra aquí, ya que escriben 'ny': "Espanya", "Catalunya".

El catalán, sabiendo las preposiciones y con un poco de italiano o francés, es fácil de leer. Aquí traduzco las palabras más importantes, o que son imposibles de deducir:

- amb: con
- anar: ir
- ara: ahora
- avui: hoy
- dinar: cenar
- encara ("ancara"): aún, todavía
- fins: hasta
- llar: hogar
- lloc: lugar
- lloguer: alquiler
- merci: gracias
- propera ("prupéra"): próxima
- res: nada
- rodalies ("rudalías"): cercanías
- (la) seva, (el) seu, (las) sevas, (els) seves + sustantivo: su/sus + sustantivo: "la seva casa". Hay variantes en género y número: "els seves millions" (sus millones, o sea, los millones de él o ellos)
- semblar: parecer
- sortir: salir
- tallat: cortado
- tancar: cerrar
- vaig, vas, va... + verbo: en vez del futuro, como uno supondría ("va a ir"), expresa pasado ("ha ido")
- vegades ("vagadas"): veces
- xarxa ("shársha"): red

El catalán tiene más sonidos que el castellano. Además de las vocales antedichas, tiene otras que no mi oído aún no puede diferenciar, como dos 'o', una abierta y una cerrada.

Tiene también dos eses, una como en la pronunciación española (es como una ese argentina, pero con un ligero matiz de 'sh', creo que se llama 's' sonora), y la otra como la argentina (sin ese matiz de 'sh'). La variante argentina no se utiliza en el resto de España, y es una buena manera de reconocer a un argentino (si decir "sho", las vocales acentuadas largas, la entonación italiana, la 'ch', la 'z', la 'e' o la 'd' no lo delatan antes). Un ejemplo: la traducción catalana de la palabra "feliz" es "feliç", y se pronuncia diferente que si estuviera escrita "feliz" o "felís".

El catalán tiene también una 'ch' suave, a mitad de camino entre la 'ch' argentina y el 'sh' de show, y un sonido extraño para las palabras terminadas en 'll' ("Maragall", "Sabadell"), que uno puede imitar diciendo 'il' muy rápidamente.


Sobrevolando la fonética española

Como he dicho, hay muchas formas de pronunciar el castellano en España. Aquí diré lo que he visto, desde la perspectiva de un argentino. Las cosas que son iguales o muy parecidas no las mencionaré.

La 's' española se pronuncia con la lengua un poco más atrás, como la 'sh' de show, pero sin utilizar los labios, y muy breve. La 'z' (y la 'c' en las sílabas 'ce', 'ci') tienen un sonido propio, diferente al de la 's'. En alguna zona de Andalucía, todo es 'z', y ese seseo les resulta muy gracioso a los de aquí.

La 'll' cambia entre zonas, la madrileña es más cercana a la argentina pero tampoco utiliza los labios, es más bien como 'li' intentando pronunciar la 'l' y la 'i' a la vez.

La 'ch' es más suave. En Andalucía, la 't' parece una mezcla de 't' con 'ch'. La 'd' en posición intermedia es más breve, y en algunas zonas ni se pronuncia ("colgao").

La 'j' no es tan gutural, sino que es más similar al sonido inicial de la palabra inglesa happy. Lo mismo con la 'g'.

Las vocales son también diferentes. Se pronuncian (como todo aquí) con la parte delantera de la boca, y por eso suenan un poco más graves (especialmente la 'e'). La vocal tónica se hace solamente acentuando el sonido (en Argentina, además de hacer esto, se estiran las vocales). Cuando un español quiere imitar la fonética argentina, cambia las 's', las 'e', y prolonga exageradamente las vocales, así que supongo que eso es lo que más les llama la atención.

La entonación general de una oración también es diferente, pero no intentaré explicar cómo.

Finalmente, quiero aclarar que la imitación del acento español que se hace en Argentina no es aplicable en Cataluña. Es más, creo que en películas como Torrente lo que se hace es exagerar el acento andaluz, para hacer reír también al público español.