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lunes, noviembre 29, 2010

Fonts del Llobregat

Después de Andorra, mientras regresábamos de los Pirineos a Barcelona, decidimos hacer el camino largo, evitando el que creo que es el túnel más largo de España (el del Cadí, 5,6 kilómetros bajo la montaña), y pasar por un par de sitios que nos parecían interesantes: el nacimiento del Llobregat y los Jardines de Artigas. Este post trata sobre el primero.

El Llobregat es uno de esos ríos que vayas donde vayas hay que atravesarlo. En ocasiones hasta más de una vez. Nace en los Pirineos, zigzaguea por media Cataluña y desemboca en el Mediterráneo, un par de kilómetros al sur de la ciudad de Barcelona. En las orillas de este río se asentaron en su momento muchas fábricas, sobre todo textiles, que conformaron la revolución industrial catalana, que aunque fue temprana a nivel español, a mí me parece tardía a nivel europeo.

Conduje entonces, si no me equivoco, por la Collada de Tosas, una carretera complicada, con muchas curvas, ideal para ir en moto pero no tanto en coche. Aquí dejo un par de fotos del camino, que en general era muy verde, aunque estas fotos desde lo más alto no lo demuestren:





Llegamos entonces a Castellar de n'Hug. Dejamos el coche en el pueblo y comenzamos a bajar escalones y más escalones. En realidad se había un parking junto a nuestro destino, pero no lo sabíamos. Con 37 grados y a mediodía, subir cientos de escalones de regreso fue toda una experiencia.

Como el Ebro, el Llobregat nace de dentro de una montaña, con unas cascadas que vale la pena conocer:


El agua estaba helada, así que no me metí, aunque con el calor y la sed daban ganas.




Compramos agua para prepararnos para nuestro regreso, y casi gateando logramos subir toda la montaña y recuperar el coche. Nuestro siguiente destino fueron los Jardines de Artigas, diseñados por un tal Antoni Gaudí, arquitecto también del Parc Güell y de la Sagrada Familia.

domingo, noviembre 28, 2010

Andorra la Vella

El año pasado pasé un fin de semana en los Pirineos catalanes, y aproveché para ir a conocer Andorra, uno de los países más pequeños de Europa.

La entrada al país estaba saturada de coches, así que estuvimos más de una hora circulando a paso de hombre. Andorra es un país donde los productos no tienen impuestos, y tiene fama de ser muy barato. Aunque la diferencia dicen que era más notable en los tiempos de la peseta, aún ahora, con el euro, hay algunas cosas más baratas (tabaco, alcohol, perfumes, óptica, pequeña electrónica). Hay también muchos comercios de artículos de lujo (joyas, Ferraris, etc.).

Buscamos un lugar donde dejar el coche (pago, por supuesto) y salimos a dar una vuelta por la ciudad de Escaldes, encerrada entre montañas.


El río bajaba fuerte, estábamos en época de deshielo, supongo.


Alguna que otra casa antigua. En Andorra se habla el catalán, aunque también recibe muchos visitantes franceses.


Parece ser que en verano Andorra está llena de portugueses que ganan más dinero aquí que en su país. En invierno, Andorra vive mucho más, por tener uno de los centros de spa y aguas termales de Cataluña, y por el esquí. Es la época en la que, dicen, llegan muchísimos monitores de esquí argentinos, que van siguiendo el invierno y hacen la temporada en la zona.



Más fotos del río. Era fotografiar eso, o comercios. Prefiero el agua.




Una plaza en la calle más comercial de Escaldes, una de las ciudades de Andorra.


Una escultura enorme junto al río:


Al final no saqué ninguna foto de la calle comercial. Hay que imaginarla como una serie de negocios de diferentes escalas, desde un lugar pequeño de artículos japoneses hasta centros comerciales muy grandes. Como no me considero consumista, no me interesó mucho, pero al que le guste comprar le recomiendo ponerse un límite antes de visitar la ciudad.

Después de gastar algunos euros en tabaco, MP3 y algún perfume, volvimos a Llívia. A la salida nos revisaron el maletero (baúl), aunque lo único que les interesaba era contar cuántos cartones de cigarrillos llevábamos, o hacer un poco de teatro para que Europa no los ponga en la lista negra de países dedicados al contrabando y a ser un paraíso fiscal.

jueves, julio 08, 2010

Fiestas de Gràcia 2009

Como cada año, el 15 de agosto comienzan las fiestas de Gràcia, mi barrio. Se decoran calles y plazas, que compiten entre sí para ver cuál es la más original, la más linda, etc. Todas las noches hay música en vivo, y todo se llena de gente bailando en las calles.

El año pasado, antes de que comenzaran, fuimos a dar una vuelta para ver qué habían preparado. Estas son algunas de las fotos que hice.

En la plaza Rius i Taulet (rebautizada como Plaza de la Vila) se preparaba este dragón volador:


En otra de las calles el techo era un sinfín de pájaros de papel. Los vecinos se juntan durante todo el año para prepararlos, sin más beneficio económico que el que puedan obtener del aporte de los comercios de la zona y de la venta de cervezas y camisetas en la calle.


Me encantó la señora que sonríe con cada foto que le hacen:


No tengo muy claro cuál era el tema de esta calle. Pero diablillos y enanos son una combinación interesante.


Un perro con dos cabezas:


Detalle de una mariposa. Admiro el esfuerzo y la dedicación de esta gente.


El pájaro de fuego, curiosamente con los colores de España:


En la calle de los mitos, el Minotauro:


Y este enorme centauro:


La Medusa:


En una calle, en tono nostálgico, hicieron con madera un enorme tranvía, en referencia al histórico Tramvia Blau de Barcelona.


A los costados colgaban fotos de la ciudad hace un siglo. La calle les quedó muy bien, aunque tal vez se excedieron un poco en el gasto, el espíritu para mí es hacer mucho con poco.


En otra calle exaltaban los prodigios de la ciencia. Aquí, un átomo y unos prismas.


Hay gente que, por su cuenta, también prepara sus balcones para la fiesta. Aquí, una referencia a la Guerra Civil Española: el pobre trabajador, explotado, es acusado de rojo por el cura de la iglesia del pueblo a los franquistas, quienes lo fusilan en juicio sumarísimo.


En otra calle realzaban las virtudes del vino:


Aquí Alicia nos daba la bienvenida a la calle de las Maravillas:





Una casita de chocolate. Habían puesto perfume, así que también tenía el olor a cacao. Todo el asunto daba un poco de hambre.


Esta fue la calle ganadora. Su tema era la fragilidad.


Con material reciclado y poco dinero, habían conseguido crear un ambiente único.




En la Plaça Rovira, el tema era el mar. Con botellas de agua mineral la habían llenado de peces, y en el medio nos esperaba un pulpo gigante.


Los camareros eran unos verdaderos piratas.


La decoración era un poco precaria, pero con unas latas y poco más lograron protestar contra la contaminación en el Mediterráneo (nula para mí, excesiva para los europeos).


En la calle del miedo nos esperaba una mosca asesina.




Llegamos a la calle Verdi, una vía comercial que gana la mitad de las veces, aunque el año pasado no. El tema era el mundo medieval.






El muro hasta tenía telarañas:


Y para mis amigos los frikis informáticos, una estampida de ratones:


Los okupas de la calle de atrás habían decidido participar por primera vez. Era la calle más humilde, pero la idea de colgar pensamientos de todo tipo no estaba mal.


Para quien no haya estado nunca, recomiendo las fiestas de Gràcia, realmente valen la pena. A menos que vivas junto a una plaza, sin aire acondicionado, y con 35 grados tengas que cerrar la ventana para poder escuchar tus pensamientos. Y desde aquí un aviso: no tengo problema en acostarme todas las noches a las 4, pero como vuelvan a pasar los trabucaires por debajo de mi ventana a las 8 de la mañana, lanzando petardos sin gracia y sin público, voy a empezar a arrojarles cartuchos de TNT a ver si les parece divertido.

Por todo esto, al día siguiente huimos a la tranquilidad de Llívia, un pueblo metido en el medio de los Pirineos.