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lunes, mayo 28, 2007

Más Tarragona

El 5 de mayo fui con mi primo para mostrarle Tarragona. A diferencia de la otra vez, el acceso a casi todos los lugares estaba abierto.

Se podía ingresar al Anfiteatro Romano, aunque sólo a ciertas zonas. Un poco de historia para el que le interese: los restos son del siglo II, y aquí luchaban los gladiadores y se cazaban animales salvajes. En el siglo VI se construyó encima una basílica visigótica (cuyos restos se ven en el centro de la arena), y en el XII una iglesia románica.


Este anfiteatro fue construido muy tardíamente, pese a ser una de las tres construcciones principales de las ciudades imperiales. De hecho, Tarraco había sido capital de todo el Imperio Romano varios siglos antes, cuando el emperador Octavio Augusto residió aquí.



Se estima que su aforo era de 14.000 personas sentadas.



También se podía acceder al Circo-Pretorio. A partir del año 73 se construyó, en el montículo más alto de Tarragona, un conjunto de edificios públicos, articulados en tres terrazas escalonadas. El "Pretorio" es en realidad una esquina del foro provincial, donde se reunían los notables, se realizaban rituales públicos de culto al emperador, y donde probablemente se encontraban los tribunales.

En la Edad Media, a partir del siglo XII, pasó a ser un castillo feudal, luego Castillo del Rey, luego cuartel, y finalmente prisión (hasta mediados del siglo XX).

Aquí una sala subterránea, comunicada con la vecina:



A la izquierda de este pasillo hay una serie de habitaciones pequeñas, que seguramente han servido en más de una época de calabozos:


Una de esas habitaciones, sorprendentemente muy húmedas (Tarragona es una ciudad muy seca):



Desde uno de los balcones del Pretorio:



Una placita contigua:


El anfiteatro, del otro lado de la avenida:


El Pretorio-Circo, desde su punto más alto.


Parece que había una competencia de veleros...


Una de las entradas a la ciudad amurallada.


La estatua de Sant Pau. Por alguna razón asumí que se podía entrar a la muralla desde dentro, aunque después de recorrer todo y pasar tres veces por delante de esta misma estatua, decidimos ver si se podía entrar desde afuera. Y así era.


En uno de los museos de la ciudad amurallada, esta maqueta de la antigua Tarragona. En su máximo esplendor, sus murallas llegaban hasta el mar, aunque luego se replegaron hasta donde se encuentran hoy (que sería la parte trasera). Por esta razón, en la zona exterior a la muralla también pueden encontrarse restos muy antiguos (de hecho, el foro romano está en esa zona, rodeado de construcciones mucho más recientes).


Esta puerta me gustó:


Esta es la Catedral. Comenzó a ser construida en 1184, sobre los restos de una basílica cristiana que, a su vez, había sido construida sobre el terreno de una mezquita árabe del siglo X. Es de estilo románico con transición al gótico.




Este edificio me gustó, sobre todo por su color:


Finalmente, luego de una última visita a Sant Pau, entramos a las murallas. Esta es una vista hacia la entrada:


Alguien, desde su ático, puede entrar a las murallas cuando quiera:


Todo esto por dentro de la muralla:






Rómulo y Remo, los fundadores de Roma, amamantados por una loba:



La erosión no trata a todas las rocas por igual:


Salimos de las murallas, nos alejamos de la zona más antigua, y cerca de la Rambla Nueva estaba este edificio:


Y este monumento a los castellers, pirámides humanas muy típicas de Cataluña. Se hacen torneos en verano:


Se venían unas nubes muy negras.



Cerca de la necrópolis cristiana nos sorprendió el diluvio (cuatro gotas, tal vez cinco), la nube siguió su camino, y nosotros el nuestro.

Subimos al tren de regreso, donde nos esperaba un viaje muy interesante. Junto a nosotros, pero en la otra ventana, alguien discutía por la ubicación de algunos pueblos catalanes usando un teléfono móvil invisible. Parece que no pudo convencer al otro, porque a los diez minutos su enemigo invisible empezó a pegarle con fuerza y a intentar ahorcarlo (mi primo no podía parar de reír al verlo ahorcándose a sí mismo). Así fue durante una hora, en ciclos de golpes en las piernas, en el cuerpo, ahorcamiento, y llanto a los gritos, hasta que al llegar a Barcelona se puso en pie, nos preguntó serenamente la hora, le dio unos consejos amistosos a la chica que se sentaba detrás, y se bajó, completamente solo, por una de las puertas del tren. Los demás preferimos bajar por la otra.

sábado, mayo 12, 2007

Font Magica

El 27 de abril llegó mi primo Cristian a Barcelona, donde piensa vivir durante los pŕoximos 6 meses. El 5 de mayo fuimos a la Font Mágica de Montjuïc, donde yo ya había estado pero sin pilas en la cámara, y esto es lo que vimos:










Aquí dos humildes vídeos subidos a YouTube:









Los horarios del show de música y sonido pueden consultarse aquí.

Por la cantidad de fotos supongo que se notará lo mucho que me gusta esta fuente. Lo primero que se pierde en estas fotografías es la escala, la fuente es enorme y el agua llega a decenas de metros de altura. Aunque la música se escucha fuerte, en los vídeos el estruendo del agua la tapa. Es impresionante, y me parece un lugar que todo el que visite Barcelona debería conocer.

Seguimos paseando, subiendo hacia el MNAC, y viendo las demás fuentes que hay en el camino.







Pasamos por detrás del Teatre Lliure (Teatro Libre), y nos encontramos con esta extraña puerta trasera. No son cráneos humanos, sino unas formas extrañas hechas con arcilla o algo similar:

lunes, mayo 07, 2007

Girona

Sigo repitiendo destinos. El 15 de abril fui nuevamente a Girona, tenía muchas ganas de dar una vuelta en tren, y como un amigo mío no la conocía la visité nuevamente.

En el primer viaje había llegado media hora tarde a los Baños Árabes, que estaban cerrados. En este viaje sólo llegué veinte minutos tarde, y eso que fui directo desde la estación. Juraría que la primera vez cerraban a las 15 y esta vez a las 14. Es que no se dejan conocer...

Una callecita de Girona:



Esto vendría a ser yo sentado sobre una parte de la muralla romana, cubierta por tierra y césped:


El culo mágico

En una placita con varios bares se encontraba este ser endemoniado de propiedades mágicas. Quien se atreva a subir una escalera y tocarle el culo o, mejor, besárselo, disfrutará de buena suerte, dinero, o algo así. Hay que hacerlo.


Cerca del cruce del río Ter y del Oñar se encontraba este monumento, simple pero muy interesante, donde se encuentran mencionados los acontecimientos y personajes más importantes de la historia de Girona.


Un arduo regreso

Nos detuvimos a tomar un par de cervezas frente a la estación de tren, sintiéndonos como dos reyes. El tiempo pasó rápido, y cuando entramos a la estación, a las 22:15, descubrimos que ya no había más trenes de regreso hasta las 6 de la mañana. Quedarse a dormir no era la idea, así que fuimos hasta la estación de autobuses. Al parecer tampoco había más (de hecho, la estación estaba cerrada), pero un chofer nos dijo que él iba al aeropuerto y que allí podríamos encontrar uno que nos llevara. Así que nos subimos (2,40), llegamos al aeropuerto, compramos un pasaje (12 euros), y nos sentamos a esperar a que llegara algún avión, así salía algún autobus hacia nuestra ciudad.

Primero llegó un avión de ingleses, pero como todavía quedaba lugar el chofer esperó al siguiente, que fue un avión lleno de franceses. Ahora sí, salimos rumbo a la estación Barcelona Nord.

Cuando llegamos teníamos hambre, así que nos metimos en el único bar que estaba abierto. Nos atendió un chino que no hablaba muy bien el idioma, sólo sabía repetir las cuatro opciones que tenía para comer. Pedí pollo, esperando una pechuga, pero lo que me tocó fue una masa grisácea y pegajosa metida en pan. En la puerta del baño colgaba un cartel de Prohibido Pasar, pero de allí salían más y más chinos, incluyendo a uno vestido de traje que se nos acercó, nos examinó de arriba abajo, y nos dijo "Buenas noches". En una mesa próxima una china empezó a gritar y a llorar mientras hablaba por móvil. Salió a la calle, volvió a entrar, colgó la llamada, y se puso a berrear como en una telenovela mexicana. Después pasó a golpear la mesa. Yo sólo quería terminar de comer lo que fuera que me habían dado. Cuando se cortó la luz en el bar ya pensé que la situación no podría empeorar. Pagamos una pequeña fortuna por la comida, y salimos rumbo al metro.

Previsiblemente, el metro los domingos no deja de funcionar a las 2, como creía, sino a medianoche, y ya era la 1:30, así que tenía que caminar durante más de una hora o subirme a un taxi, pero el chino me había sacado las últimas monedas, y, cuando encontré un cajero de mi banco, estaba fuera de funcionamiento. Finalmente conseguí el dinero, conseguí un taxi, llegué a mi edificio, donde habían cambiado la cerradura y, después de tres semanas con la puerta abierta todo el día, ese domingo habían decidido cerrarla. Probé mi llave y no entraba. Con un empujón se abrió, y finalmente me acosté, a eso de las 3 de la mañana. Pero fue un buen día.

Reinosa de nuevo

Llevo ya un buen retraso con las notas en el blog, así que pido disculpas para quien todo esto sea noticia vieja.

En Pascuas me fui a Cantabria nuevamente, dejando atrás a una Barcelona lluviosa. El pasaje en avión estaba muy caro, así que me resigné y compré otra vez billetes de autobús. Por teléfono me explicaron que a la ida iría un poco incómodo, pero que a la vuelta me tocaría el mejor asiento. Mejor así.

La verdad es que a la ida pude tirarme a dormir en un asiento doble, y gracias a un nuevo MP3 el viaje se hizo menos largo. A la mañana me fue a buscar Goyo a la estación, y me llevó de paseo por la costa de Santander, impecable hasta el punto de que no se veía un papelito por ninguna parte, y sus miradores sobre el mar son probablemente lo más lindo que he visto en la costa española.

Nos acercamos a la desembocadura de un río, lamentablemente ya no recuerdo su nombre:



Durante los siguientes días conocí a algunos familiares que no había visto en mi primer viaje, todos realmente muy majos (es un poco raro, pero todos lo son). Fui de caddie al golf, caminé por encima de un antiguo puente romano, me fui de pesca (¡qué malo soy arrojando!), vi un partido de fútbol, salí dos veces de copas por la noche, y el resto del tiempo estuve haciendo la vida cántabra: ir constantemente de un pueblito a otro, parando para tomar y comer algo con gente muy amable (y a muchos de ellos los había conocido en el viaje anterior), antes de ir al pueblo siguiente a pasarla bien con otra gente. El tiempo se me pasó volando, y pronto estaba volviendo a Santander para regresar a Barcelona.

Un par de fotos de Reinosa desde la ventana:




El autobús no resultó lo que esperaba. El asiento no era el más cómodo, era común (o sea, yo no entraba), y, además, tenía a mi lado a un centroamericano del tipo expansivo (aunque respondía a los codazos). Para peor, había tomado bastante viendo el fútbol y por eso subí al autobús con ganas de ir al baño. A la media hora descubrí que, para una vez en la vida que quiero utilizar los servicios, este autobús no tenía. Le pregunté al chofer, que me explicó que pararíamos 6 horas después en Zaragoza. Cerca había un bebé, yo lo miraba con la esperanza de que la madre necesitara un baño para cambiarlo, pero parece que la criatura se portó muy bien, o la madre se despreocupó del asunto. Sólo puedo decir que fue un viaje de regreso largo y penoso, con las manos a los costados para no presionar nada, la chaqueta encima para que el frío no empeorara la situación, e imaginando diferentes soluciones poco higiénicas. Pero llegué a Zaragoza con la mirada alta :)