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sábado, diciembre 15, 2007

Parc de la Guineueta

El 6 de septiembre fui a tramitar el paro al INEM de mi barrio (que no es el más cercano, sino uno ubicado en el paseo Valldaura). Cuando presenté la baja voluntaria (en argentino, cuando renuncié) a mi último trabajo me arreglaron los papeles, así que mi plan era aprovechar para viajar un poco por Europa e intentar trabajar por mi cuenta. La cuestión es que llevé la cámara de fotos y di un paseo por el parque de la Guineueta, situado casi el extremo norte de Barcelona. Aquí van algunas de las fotos (mi cámara no soporta tanta luz, al parecer):






En ese momento, mi vida era casi perfecta. Todavía no sabía que una semana después tendría que viajar a la Argentina en el primer vuelo que encontrase, por la muerte de mi padre, a quien creo que Europa le hubiera fascinado y que por unos meses no llegó a conocer.

Sobre mi visita a Argentina he escrito lo mínimo en este blog, ya que no deseo que se convierta en una comparación entre España y mi país natal. Creo que todo lo bueno de España (o al menos de Cataluña y Cantabria) se defiende solo. Si a alguien le interesa una visión amarga de la situación argentina, puede leer algo en mi otro blog, aunque no escribo mucho allí.

Pronto, en cuanto seleccione las fotos, subiré unas notas sobre Llivia y el sur francés, La Pedrera y Lisboa.

jueves, diciembre 06, 2007

Vilanova i la Geltrú

El 1 de septiembre finalicé mi temporada de fotos de verano yendo con mi novia a Vilanova i la Geltrú, un pueblo ubicado en la costa del Garraf, a 45 kms. al sudoeste de Barcelona y a 40 al noreste de Tarragona. Fue fundada oficialmente en 1274, y, según Wikipedia, la leyenda cuenta que el poblado nació porque el señor feudal de Geltrú promulgó una ley según la cual, cuando una joven se casaba, tenía que pasar con él la primera noche (derecho de pernada, o droit de seigneur). Mucha gente no quiso aceptar y se trasladó hacia la costa, fundando Vilanova de Cubelles. Con el tiempo, Geltrú y Vilanova de Cubelles crecieron hasta fundirse en una sola.


Fue una sorpresa agradable enterarnos de que por ley municipal era gratis el estacionamiento (parking) en todo el pueblo durante todo el verano. Muchas veces es difícil encontrar un lugar gratuito cerca de la playa, pero esta vez tuvimos suerte, dejamos el coche y nos fuimos a comer unos bocatas. No había demasiada gente, pero también hay que decir que este verano no hizo tanto calor ni tantos días de playa como el anterior.

Caminamos por la costa. Ya era media tarde, y no estaba como para meterse al mar. Estas son algunas fotos del paseo:




Fuimos hasta un espigón extraño, desde donde se podía ver, a lo lejos, este faro:


Y esta playa:


El espigón era un tanto extraño, ya que separaba el puerto (a la derecha) de este río artificial (a la izquierda), que no llevaba a ningún sitio y por tanto no tenía mucha utilidad. Salvo entrar y salir en bote fácilmente del mar.



Esta es una vista hacia atrás del espigón.



Frente al puerto de veleros, hay un monumento a Francesc Maciá. No sé qué hizo, pero el obelisco me pareció original:


Este es el Mercado Público de Vilanova, que estaba cerrado.


Mientras regresábamos hacia el coche, nos metimos en un pequeño parque que no estaba nada mal, aunque las fotos sean muy feas, salvo porque estaba lleno de mosquitas.



Y desde allí regresamos. En resumen, Vilanova es un pueblo con gente muy amable, y una costa bonita pero que no puede competir con la de Sitges, que está prácticamente al lado. De todas maneras, es el tercer puerto de Cataluña, así que tal vez esté orientado más al sector industrial. Y parece que tienen planeado rediseñar la costa, así que habrá que volver...

martes, noviembre 27, 2007

Cambrils

El 23 de agosto me subí a un tren y me fui a Cambrils. Un amigo mío me lo había recomendado el día anterior, y verdaderamente merece la pena. En la estación de trenes hice un poco el ridículo, ya que existe otro pueblo llamado Cabrils (sin la 'm'), que luego conocería, y que está en una montaña cerca de Vilassar de Mar. Como no recordaba si llevaba eme o no, me enredé dando explicaciones de su ubicación, del por qué de mi confusión, etc.

Cambrils (y no Cabrils) es un pueblito de 30.000 habitantes ubicado en la provincia catalana de Tarragona, un poco al sur de la capital de provincias y justo después de Salou.


El pueblo aparece documentado por primera vez en 1152, cuando el conde de Barcelona le entregó las tierras a alguien con la condición de que edificara allí un castillo. El pueblo creció rápidamente y participó en la reconquista (a los moros) de Valencia y Mallorca.

El pueblo se dedicaba a la pesca y a la agricultura. Pero debido al boom turístico de la década del 60, hoy día los servicios son su principal fuente de ingresos. Y turistas hay muchos.

Aquí se encontraba la antigua ermita de la Mare de Dèu del Camí, que data al menos de 1154, pero el edificio actual es mucho más reciente, de 1778. A la izquierda está una antigua torre de vigilancia. Hay también en alguna parte del pueblo otra iglesia muy antigua, que fue destruida por los piratas y luego reconstruida.


Al pasar junto a la iglesia me enteré que esa noche empezaban las fiestas del pueblo, y que durarían una semana. Mi plan no era quedarme a dormir, así que me las perdería. De hecho, lo único que me preocupaba en ese momento es que no había tenido tiempo de comer y ya eran las 3 de la tarde.

Decidí que la mejor idea para encontrar un sitio barato era buscar algo cerca del casco antiguo, que previsiblemente estaría en una zona elevada y algo alejada de la playa. Así que comencé a subir.

Vi un monumento un poco extraño:


A la gente de Cambrils le gustan mucho los canteros con flores. Tienen un sistema bastante práctico: en vez de plantarlas directamente en la tierra, utilizan unas macetas enormes que supongo que irán reemplazando cuando sea necesario. El resultado es que la jardinería del pueblo es impecable:


Subí hasta el final del casco antiguo. Todavía se conserva parte de la muralla, construida en 1359. La ciudad fue asediada varias veces, la peor de todas por tropas castellanas, así que las construcciones del casco antiguo no son tan viejas (son las que se ven en la foto).


Atravesé la entrada y comencé a pasear por sus calles, resignado a no comer nunca.


Me gustaron mucho las puertas, algunas eran muy elaboradas y otras eran simple tablones puestos para tapar el agujero:





Los balcones empotrados también me gustan. Está claro que el edificio es demasiado antiguo como para soportar balcones que sobresalgan, pero lo que no sé es si ya fue construido así o simplemente alguien en algún momento agrandó una ventana. Probablemente sea esto último, ya que en estas construcciones la cantidad de gente que hizo modificaciones es innumerable (aunque por suerte ahora no permiten cambiar la fachada).


Esto es muy extraño. Un bebedero enjaulado:


Esto quedó aprisionado entre dos edificios. Detrás de la puerta posiblemente no haya nada, porque el techo parece haberse esfumado.


Los edificios están pintados de colores alegres. Y creo que era la primera vez que veía cableado aéreo en España (en las ciudades siempre está bajo tierra).


Más cables arruinando una entrada que es bonita pero nada tiene que ver con el barrio.


Parece que aquí viven todos los jardineros del pueblo:




Posiblemente esto sea la iglesia parroquial de Santa María:



Comencé a bajar hacia la playa, abandonando el casco antiguo:


Esto parece ser la plaza central. El cielo no estaba nublado, es sólo que todas las fotos me salieron quemadas...


Ya había perdido por completo la orientación, y aunque creía estar yendo hacia el mar, en realidad estaba yendo hacia Barcelona. Así que me encontré un río casi sin agua, y decidí seguirlo hacia abajo, ya que los ríos suelen ser más inteligentes que yo. El paseo estaba muy cuidado.


Finalmente, desemboqué en la playa. Cerca, a la izquierda, estaba el puerto y supuse que todo terminaba allí mismo. A la derecha se extendían las playas, casi desoladas. Me pareció extraño, pero empecé a caminar en esa dirección. Había un par de lugares para comer pero no me convencieron. Así que seguí adelante.



He buscado en Google, pero no hay ningún General Belgrano español. Así que esta calle ("carrer" en catalán) tiene este nombre por el argentino que se rebeló contra España o por el buque hundido por los ingleses en la guerra de Malvinas. En cualquier caso, hay foto.


Me senté en un bar para comer pero como no me atendían me levanté y seguí, dispuesto a llegar hasta el final de Cambrils.


Aquí el camino se volvía de tierra y aparecieron carteles indicando a cuántos kilómetros estaban los siguientes pueblos. Así que saqué esta foto y comencé a regresar.



Hay muchos guiris (ingleses, alemanes, etc.) viviendo aquí. Dicen que Elton John tiene una casa. En cualquier caso, yo quiero una de éstas:


Ya estaba por llegar al puerto, límite urbano si los hay, y eran casi las seis y media de la tarde. Me senté en un bar, junto a una máquina que vendía unas bolas con regalos sorpresa por 1 euro (un éxito entre los niños), y un camarero muy amable me explicó que la cocina estaba cerrada, así que podía elegir entre un bocata o una Cruji-Coca. Elegí, para probar, una coca de atún, y cuando me la dio casi pido cubiertos. Era una especie de pizza cuadrada, sin tomate, colocada en una bandeja de metal que a su vez estaba hundida dentro de una bandeja de madera (para que no te quemes). A la derecha sobresalía, vertical, una especie de martillo que supuse que era para sujetarla. Pero no: el martillo se salía. Así que una de dos: o el martillo era para golpear a la coca hasta que se rindiera, o tenía otra utilidad. Tenía una forma extraña: la parte de arriba era como una cresta curva. Así que sintiéndome un poco más inteligente que el río (pero más extranjero) lo di vuelta y empujando hacia abajo vi que la coca se cortaba simplemente por la presión. Una buena idea, con alguien detrás que se llena de dinero vendiendo el sistema en la mitad de los bares catalanes. Y la verdad es que la comida estaba muy buena.

Justo antes del puerto había un parque lleno de niños. Pasearme por estos lugares con una cámara fotográfica me pone un poco nervioso, pero el lugar era bastante agradable:


Seguí caminando, atravesé el puerto, situado en una península natural de la costa, y entonces descubrí por qué no había gente en las playas, y apenas había bares. Cambrils comenzaba allí. Por delante se extendía un paseo marítimo que parecía tener kilómetros de largo, y todo el mundo estaba en esa mitad del pueblo, sobre todo en forma de inglesas de veinte años. Hasta había un McDonald's.

A unos pocos metros del puerto me encontré con esta antigua torre de vigía, construida en 1664.



Aquí también tenían un artista de la arena, que mostraba en fotos sus trabajos anteriores. Hoy había hecho un dragón.


Los viejos estaban jugando a la petanca ("bochas", en Argentina). Me hacían acordar a mi abuelo, que hasta no hace mucho jugaba todos los días a esto.

El de las bermudas lila no fabricaba las bolas, sólo tuvo mala suerte en esta foto.


Caminaba a toda prisa, ya que el último tren a Barcelona pasaba poco después de las 20. Quería llegar hasta el final de Cambrils, y casi lo logro. El pueblo es como un fideo extendido sobre la costa, y aunque en ese momento no lo sabía, la estación de trenes de Salou seguramente estaba más cerca. Pero aquí decidí regresar a lo ya conocido.


Saqué varias fotos al pueblo desde allí:




Probablemente lo que se ve al fondo es Salou.



En un momento de inspiración me dije que no llegaría si volvía por la costa, que lo mejor era trazar una diagonal hasta encontrar las vías y luego seguirlas. Todo iba muy bien hasta que el pueblo dejó de existir a unos 300 metros del mar. Finalmente, llegué a las vías, las crucé por arriba y me encontré caminando por el borde de la autopista (una mala idea, en los puentes no hay banquina/arcén). Lo peor fue cuando un cartel me dio la bienvenida a un pueblo que nunca había oído nombrar: Vinyols. Hice mis cálculos y decidí que estaba yendo hacia el oeste, así que iba bien, y que era improbable que hubiera pasado junto a la estación sin verla. Seguí caminando y un kilómetro más adelante me daban nuevamente la bienvenida a Cambrils. Casi tres kilómetros después apareció la estación, y hasta me dio tiempo de tomarme un café rápido.

Esperando el último tren a Barcelona:


No sólo era mi último tren, sino también el último para los que volvían de Port Aventura, que hasta hace poco era un parque de diversiones de la Warner. Así que el tren se llenó de niños exaltados y turistas gritones. Tuve la suerte de quedar rodeado de una familia de diez andaluces, que se iban rotando los asientos: por minutos tenía sentado junto a mí al padre en busca de paz, después al niño que me pateaba sin querer los tobillos, después a uno de sus cinco hermanos, que me miraba con asombro (cuando uso los MP3 o las gafas de sol me miran como si hubiera quedado ciego de repente y no me enterara). Cerca había un grupo de ingleses que no sabían ni dónde estaban, también estaban una mujer que le gritó algo a uno que estaba lejos y todo el mundo la miró (tal vez fuera el hijo), una quinceañera que se pasó todo el viaje mirándose en el reflejo de la ventana, etc. Faltó el loco que se golpeaba solo en el tren de Tarragona, los demás estaban todos.