Google
 
Web En este blog

miércoles, noviembre 04, 2009

Espectáculo de fuego en el Talladell

Cada año se realiza la Fira del Teatre en Tàrrega (un pueblo de 15.000 personas en la provincia catalana de Lleida). Es un fin de semana durante el cual se organizan una gran cantidad de espectáculos teatrales de todo tipo, gratis y pagos, bajo techo y a cielo abierto, experimentales y más "tradicionales". El año pasado aproveché para ir a un pueblo vecino muy pequeño, llamado el Talladell, cuyas calles habían sido decoradas para una puesta en escena de un grupo alemán. El espectáculo consistía en recorrer sus calles, observando miles de macetas en llamas.


El mundo también estaba en llamas:


Diseminados por aquí y allá, había músicos tocando algo más bien zen.



Lo más sorprendente de la obra era un árbol de macetas cuyas ramas se abrían y cerraban. En el momento en que todas las ramas estaban en posición vertical, un potente chorro de gasolina creaba una llamarada espectacular. Se lo puede ver en este humilde vídeo (grabado con una camarita de fotos que no se lleva bien con la oscuridad). Aviso que el que está haciendo el tonto frente a la bola de macetas no soy yo (esta vez)...



Barrios de Barcelona

Una de las consultas más frecuentes que recibo en mi correo es en qué barrio de Barcelona conviene vivir, o cuáles son sus diferencias. En efecto, Barcelona es muy variada, y sus posibilidades abarcan desde barrios medievales a urbanizaciones recientes, desde zonas junto al mar hasta edificios colgados de la montaña, desde grandes ratoneras hasta mansiones con piscina. Intentaré aquí hacer un breve resumen sobre las zonas más importantes, apoyándome en este mapa (que se puede ver en grande haciendo clic sobre él):


Antes de comenzar, aclararé que "abajo" es la zona más cercana al mar, y "arriba" es la parte más alejada, que suele coincidir con la zona de montaña que rodea a Barcelona.


Distritos de Barcelona

1: Ciutat Vella: su nombre no significa "Ciudad Bella" (aunque lo es), sino "Ciudad Vieja". Es el casco antiguo de la ciudad. Está atravesado y dividido por Las Ramblas y por la avenida Laietana en tres partes (Raval, Barrio Gótico y Borne). Por debajo, termina en el primer puerto y en el barrio de la Barceloneta. Las diferencias son importantes, así que haré una subdivisión:

1.1: Raval: antiguamente, era el barrio para los pobres, ubicado fuera de las murallas. A principios del siglo XX era un barrio de músicos, cabarets. Hoy día es probablemente el barrio más multiétnico de todos, donde conviven pacíficamente paquistaníes con nórdicos. Las construcciones son en general muy antiguas, y transitar en coche es prácticamente imposible. Hay gran variedad de restaurantes de todos los rincones del mundo. También es el barrio de la prostitución en la calle, de los locutorios y de la venta de móviles (celulares) a bajo precio. También está lleno de bares y de vida nocturna. Finalmente, es posiblemente la zona con más hostales de toda la ciudad. En medio del barrio se encuentra la Rambla del Raval. Aquí también se encuentran el MACBA (Museo de Arte Contemporáneo), el Museo de las Drassanes, y aún hoy conserva comercios centenarios. Los precios para alquilar varían según el estado del inmueble, aunque por ser uno de los sitios mejor comunicados por transporte público de la ciudad tienden a ser un poco elevados.

1.2: Barrio Gótico: el barrio más antiguo de Barcelona, contiene la Catedral, restos de murallas, el muy recomendable Museo de Historia, junto a otros museos y sitios históricos. Tiene calles aún más estrechas que en el Raval, y hay alquileres baratos pero en construcciones muy antiguas (o sea, casi sin ventanas, y bastante inhóspitas). Tiene muchos bares y discotecas (aunque más orientadas al turista), y también está muy bien comunicado. Me parece que viven muchos argentinos en este barrio, sobre todo los que buscan alquilar barato.

1.3: El Borne: es muy similar al Barrio Gótico, pero es uno de los sitios más caros para alquilar de Barcelona, ya que muchos de sus pisos han sido refaccionados, y si bien conservan la fachada, por dentro están hechos a nuevo. Tiene muchas tiendas temáticas y rincones secretos. También tiene discotecas, museos, y el impactante Palau de la Musica. Enlaces: 1.

1.4: Barceloneta: este barrio, pensado a principios del siglo XX para alojar pescadores y obreros, es muy particular por sus manzanas muy estrechas y alargadas. De hecho, no se parece en casi nada a los otros tres. Tiene playa, además de algunas de las mejores paellas de la ciudad, y aún conserva cierto espíritu de pueblo. No tengo mucha idea del valor de los alquileres. No es un barrio bien comunicado, ya que no tiene prácticamente sitio en la calle para dejar el coche y además sólo hay una estación de metro en su extremo norte (además, es la línea amarilla, una de las menos útiles de todas).

2: Eixample: cuando hacia el 1900 se diseñó la ampliación de Barcelona, se decidió que este barrio (el "Ensanche") fuera cuadriculado, con manzanas de 200 metros por cada lado. Es una zona llana de Barcelona, con edificios de hasta 7 plantas de altura, calles bastante anchas y varias líneas de metro. Por la época en que se levantaron los edificios, pasear por sus calles recuerda muchísimo al centro de Buenos Aires. Los pisos (departamentos) son grandes, con balcones y varias habitaciones, lo cual los hace muy caros para una sola persona, pero por eso mismo abundan las habitaciones en alquiler. Incluye La Pedrera (2), la Casa Batlló y, sobre todo, la Sagrada Familia (1) junto al Hospital de Sant Pau.
Link
3: Sants Montjuïc: Montjuïc (1 2 3 4 5) es un monte lleno de parques, museos y demás, del cual sólo se puede habitar la ladera sur (la Zona Franca, un sitio a evitar) y la ladera norte (el Poble Sec). El Poble Sec es un barrio de montaña, con unos cuantos pisos pequeños. Sants, "arriba" del Mont Juïc, es muy parecido al Eixample. En los dos barrios hay una proporción elevada de inmigrantes. El Poble Sec tiene dos líneas de metro, mientras que la zona de Sants es una de las mejores comunicadas de la ciudad (con tres líneas de metro, y una estación que es parada obligatoria para todos los trenes que atraviesan Barcelona).

4: Les Corts: es una zona que va desde pisos y calles similares a las de Sants (en la parte de "abajo") hasta edificios caros y hasta mansiones. En esta parte de "arriba" también hay algo de metro, pero mucha gente se mueve en coche, y me arriesgaría a decir que es un barrio con gente que hace unas cuantas décadas llegó a la ciudad y consiguió hacer algo de dinero. No es una zona que conozca mucho, ni que me agrade particularmente. En la parte de "abajo" es bastante llana, con algo de vida de barrio, y tranquila. La zona de Pedralbes es muy fría para mi gusto, sin casi comercios ni bares, y tiene un par de parques que la gente que vive por allí no utiliza.

5: Sarriá - Sant Gervasi: es la antigua zona residencial para ricos, tiene pisos muy lujosos y, cerca de la sierra que bordea Barcelona, algunas mansiones. Tiene algunas calles muy empinadas, poca vida de barrio (aunque muchas oficinas), y el transporte público es muy reducido (de hecho, todavía no tiene metro, sólo los ferrocarriles catalanes, que no funcionan después de las 23). Alquilar una habitación allí es caro, mucho más un piso entero.

6: Gràcia: hace más de cien años, Gràcia era un pueblo cercano a Barcelona. Ahora es uno de sus barrios más antiguos (junto con los de la Ciutat Vella). Con calles estrechas, ir en coche por sus calles es bastante complicado (y estacionar barato, imposible). Tiene muchos bares, y es probablemente el centro de la vida nocturna de la ciudad durante todo el año salvo el verano. Tiene pocas discotecas, eso sí. Hay muchos restaurantes de todo tipo, y aloja las mejores fiestas de calle de Barcelona. Los alquileres son caros, pero es un barrio muy bien comunicado, ya que lo rodean tres líneas de metro (próximamente cuatro), todas las líneas de los ferrocarriles catalanes, y además está en el centro geográfico de la ciudad. Finalmente, está lleno de argentinos, incluyéndome a mí.

7: Horta Guinardó: es un barrio construido para albergar a la gran inmigración que hubo de otras partes de España hace ya varias décadas. En el centro del barrio se encuentra el Guinardó, que le da a toda la zona un relieve montañoso e impide que sea cuadriculada como en otras zonas de Barcelona. Alberga el Parque Güell (1 2). Los pisos son bastante grandes, con paredes que permiten disfrutar de las fiestas de los vecinos hasta altas horas de la madrugada. Los precios son intermedios. Cuando no hay fiesta, es una zona muy tranquila por la noche. Durante el día hay mucha vida de barrio. Personalmente, es una zona en la que me gustó mucho vivir. Es importante vivir cerca de una línea de metro. Caminar mucho rato es cansador, debido a la elevada inclinación de las calles (además, gran parte de los edificios carecen de ascensor). Enlaces: 1 2 3 4.
Link
8: Nou Barris: muy similar a Horta Guinardó, pero un poco más llano. Hay algunas zonas mejores que otras.

9: Sant Andreu: muy similar a Nou Barris y Horta Guinardó, pero en llano. Es una zona muy grande, es importante tener el metro cerca.

10: Sant Martí: está dividido en dos partes. La de arriba se parece al Eixample, y muchos pisos en alquiler en la zona de La Sagrera, que está bien comunicada. Con respecto a la parte de "abajo", después del Parque de la Ciudadella, la zona más cercana al centro tiene una zona destinada a las empresas de tecnología, próxima a la Torre de Agua. A medida que nos acercamos al Besòs, la calidad de la convivencia, si se me permite el eufemismo, va decayendo. Si el precio del alquiler es muy barato hay que sospechar. Además, la parte cercana al mar no está muy bien comunicada, ya que el tranvía y la línea amarilla son prácticamente inútiles sin hacer transbordos.


Fuera de Barcelona

Hospitalet de Llobregat: parecido a Sants, con aún más inmigración. Está bastante bien comunicado (aunque estar fuera de Barcelona siempre se paga con unos minutos cada día). Es una ciudad muy extensa y llana.

Cornellà: aloja a muchos inmigrantes de pocos recursos, y es bastante tranquilo.

Badalona: tiene zonas bastante chungas, con pisos-patera (departamentos donde duermen todos los que puedan caber) y otras bastante bonitas. A mí me gusta la zona cercana a la playa. Tiene una línea de metro (en unos años tendrá otra más) y una de cercanías, lo cual es un poco limitante. Los alquileres suelen ser baratos.

Sant Cugat del Vallès: es el nuevo refugio para ricos. No suele haber alquileres, y los pisos son de los más caros de toda España.

Santa Coloma: no he estado nunca, pero tiene fama de lugar "complicado" (no sé si es sólo porque antes realmente lo era, o si hoy día esa fama sigue siendo justa).

Sabadell: se ofrecen muchas habitaciones en alquiler en esta ciudad a unos 40 minutos en tren desde Barcelona, que no tiene playas y es más bien desoladora. Yo me pensaría dos veces si el ahorro compensa el tener que esperar el tren todos los días para bajar a Barcelona. Con coche está bien comunicada, aunque para eso yo elegiría un lugar con playa o montaña.

En general, los pueblos y ciudades cercanos a Barcelona, salvo los que están en mar o montaña, comparten un mismo estilo, debido a la época de construcción. Las diferencias entre El Prat, Hospitalet, Cornellà, Sant Feliu, Esplugues y otros no son arquitectónicas, sino de tiempo de transporte público. Los autobuses urbanos son muy lentos en Barcelona, y los trenes y ferrocarriles sólo funcionan hasta las 23, así que mucha gente comienza viviendo cerca de alguna estación de metro.

lunes, agosto 31, 2009

Cerdeña (2)

Al día siguiente continuamos recorriendo la isla de Cerdeña en coche. Llegamos a un campo donde se desparramaban pequeños montes de piedras redondas, apiladas como si hubieran caído del cielo. El efecto era aún más curioso porque en los alrededores de estos montículos no había ni una sola piedra suelta.



Llegamos a una playa del noreste de la isla.


Estábamos cerca del Capo d'Orso, llamado así por una roca gigante que parece un oso. Después de ir descartando camino tras camino con el coche, descubrimos que la cala a la que pretendíamos llegar era privada y no podíamos acceder de ninguna manera. Así que tuvimos que dar un rodeo bastante grande para poder seguir hacia el sur. En el camino, una tortuga gigante se asaba en el asfalto. Ya sé que la foto es poco interesante, pero me gustan las tortugas, parecen como si llevaran milenios recorriendo la isla. La bañamos en agua pero no pareció hacerle demasiada gracia, aunque tampoco estábamos seguros, las tortugas no se destacan por su expresividad.


Después de recorrer un poco, encontramos una casa rural a buen precio, con piscina, y bastante cerca del mar, en un pueblito muy bien cuidado llamado La Conia. Esto era lo que veíamos desde la habitación:





Y esta es la casita:


El día siguiente, 29 de agosto (sí, ya llevo un año de retraso en el blog!), intentamos ir a una sub-isla de Cerdeña, llamada Magdalena. Fue un poco accidentado: llegamos con el coche al puerto, compramos dos pasajes y nos subimos, sin coche, al ferry. Grave error: al llegar al otro lado, no había autobuses, ni barcos para turistas que recorrieran las calas, ni siquiera playas cerca. Así que regresamos a Cerdeña (otra media horita), y de nuevo cruzamos en ferry, pero esta vez con coche. Por eso tuve tiempo para sacar algunas fotos del paseo.





No estuvimos mucho en la isla Magdalena: ya era de tarde, y queríamos llegar a una sub-sub-isla llamada Caprera, unida por puente. Comimos en un parador entre abejas, y al salir conduje yo (aunque no tenía permiso). Por la falta de costumbre, al salir a la carretera marcha atrás llené a medio parador de tierra, pero para cuando se disipó la nube de polvo ya nos habíamos esfumado.

Foto desde el camino:


Las dos islas están llenas de calas. En las de Magdalena hay que caminar un poco:


Las calas de Caprera, en cambio, están junto al camino de tierra que rodea la isla. Es todo completamente natural, lástima que el camino de tierra medía tres metros de ancho y había coches circulando en las dos direcciones. Fue bastante estresante, y pude disfrutar de la conocida impaciencia italiana. Pero las calas eran increíbles.







Estuvimos un rato en esta playita, creo que en la isla Magdalena:



La clave es tener un yate e ir recorriendo playa tras playa.


Volvimos hacia el ferry.


Y, ya de noche, cruzamos el estrecho:


El 30 de agosto, último día en la isla, bajamos por la costa este, atravesando mansiones con helipuerto y otros lujos. Bajamos caminando hasta una cala.



Buscando comida llegamos a Porto Rotondo, una península con dos playas a cada lado de la carretera. Una estaba vacía, porque había algas y olía mal, y la otra estaba llena, con arena blanca, aguas transparentes y pececitos visibles desde lejos. Esta es la playita de las algas:


Por la noche regresamos al aeropuerto. Estuvimos casi una hora para devolver el auto, que pese a tener un golpecito en la puerta pasó por la revisión sin problemas. En Cerdeña, al contratar el auto, te avisan que rayar la puerta puede costar 150 euros. Al principio parecía curioso. Pero al ver que casi todas las carreteras eran para un coche y medio, y a los costados había arbustos, entendí. Además, en las montañas hay muchas curvas con poca visibilidad, y no entendía por qué no había choques a cada paso. En Argentina yo solía tocar la bocina en estos casos, pero aquí nadie lo hacía. Al parecer, la clave es confiar en que los demás vayan con prudencia y a una velocidad moderada (además de tener un dominio absoluto de las dimensiones del coche, para poder circular con media rueda fuera). En ese entonces me di cuenta de que tendría que volver a aprender a conducir y a confiar en los demás conductores.

Después de devolver el coche, entramos corriendo al aeropuerto y descubrimos que nuestro vuelo en realidad salía una hora antes de lo que creíamos. Ya no teníamos coche, ni hotel, nada. Por suerte, o por milagro, el vuelo iba muy retrasado y nos dejaron embarcarnos (¡gracias, desconocida azafata de RyanAir!). Al final, llegamos a Girona dos horas después de lo previsto. La suerte nos sonreía: no habíamos pagado el golpecito de la puerta del coche, y habíamos podido volar llegando media hora tarde. Por supuesto, allí cambié yo la suerte: estaba muerto de hambre, y estaba seguro de que había un autobús a Barcelona cada hora. Resulta que no: sólo hay uno inmediatamente después de que llega un vuelo de RyanAir (aunque creo que los paga Cataluña). Así que, por mi hambre, tuvimos que pasar la noche en el aeropuerto. Aunque al menos ya estábamos cerca de casa.

Mi opinión general es que Cerdeña es un lugar muy pero muy recomendable para visitar. Sus playas y su geografía cambian a cada paso, y son muy impactantes. Está cerca de Barcelona, así que es fácil encontrar un vuelo barato, la comida es buena y barata, y el alojamiento está bien de precio. En general, todo me pareció un 25% más barato que en Cataluña. Las carreteras son estrechas pero están todas asfaltadas (salvo en Caprera) y en buen estado. Es, eso sí, necesario alquilar un coche, ya que creo que no hay trenes y el servicio de autobuses parece ser nulo. Pero, en resumen, volvería sin dudarlo, e incluso, si las circunstancias lo permitieran, no tendría problema en vivir unos años allí.

viernes, julio 17, 2009

Cerdeña (1)

En agosto del año pasado volamos a la isla italiana de Cerdeña. Aterrizamos en la ciudad de Alguer, situada en el noroeste, y la idea era recorrer en cinco días todo lo posible. Al final nos alcanzaría sólo para la costa norte, ya que se trata de una isla muy grande (75% de la superficie de Cataluña) y, como suele suceder en las islas, con muchísimos kilómetros de costa y playas. Pero, si es por mí, volvería todos los años.

En este mapa se ve, en verde, la ubicación de la isla:


Alguer es una ciudad con mucha historia, que ha pasado varias veces de manos y en la cual aún sobrevive el catalán. Es una ciudad fortificada, con mucha vida nocturna.





Esa noche nos quedamos en una casa de campo, que si bien no estaba junto al mar, tenía de todo. Era un Bed & Breakfast con sólo dos habitaciones muy amplias y luminosas (al estilo de las típicas películas italianas), con piscina y gente muy amable. Estas fotos son de la mañana siguiente.



Esa mañana fuimos a visitar la Gruta de Neptuno, una enorme cueva natural ubicada al nivel del mar, debajo de un acantilado de unos 400 metros de altura. Llegamos en un Clio negro que alquilamos (por unos 20 euros al día, muy barato) y comenzamos a bajar:


La vista, de vértigo, era impresionante:


Las escaleras también. Parecía improbable poder regresar sanos y salvos.




Después de no sé cuántos cientos de escalones, llegamos a la gruta. Descubrimos entonces que había una forma mucho más descansada de llegar: en barco. No sé cuanto cuesta, pero por mucho que sea, recomiendo pagarlo. O llegar nadando.


La gruta en sí es impresionante, aunque mi cámara haya decidido dejarme muy pocas fotos presentables. Tardamos como una hora en recorrerla.










Al salir de la gruta empezaba lo difícil. Subir el acantilado con 32 grados y sin agua es toda una experiencia. Pasar dos días reaprendiendo a caminar también lo sería. Durante un momento pensé en robarme un pasaje del bote. Durante otro pensé en romperle el motor, para tener más compañía durante el ascenso.


Fuimos entonces hacia Castelsardo, una ciudad hermosa ubicada en la mitad del norte de la isla. Antes de llegar jugamos un poco a perdernos por las carreteras de la isla, que, dicho sea de paso, son tan estrechas que, no importa lo peligrosa que sea la curva, hay que ir bien pegado al borde derecho, porque todas son de ida y vuelta.


Comimos una pizza (faltaba más) en el único sitio que encontramos abierto. La comida en la isla es muy buena y mucho más barata que en Barcelona. Un rato después fuimos a ver la roca del Elefante:


El paisaje de Cerdeña es increíblemente variado, tiene de todo en pocos kilómetros, y suele tener mucha vegetación. De hecho, ver esta llanura me llamó tanto la atención que le hice una foto.

El pueblo de Castelsardo me había encantado, y regresamos para buscar un hotel, con balcón y vistas al mar.

Si bien aquí la arena era marrón, encontraríamos luego otras playas con arena blanca y hasta casi negra.


En la cima del monte se alzaba una antigua fortificación.


Otra foto del pueblo. Es que, entre el buen clima, el aire mediterráneo, y el colorido de las casas, me hubiera quedado a vivir allí.


Arrastrando nuestras piernas (hasta el día siguiente no conoceríamos la gravedad de la situación), subimos caminando el monte y nos metimos en el casco antiguo de la ciudad. Pero antes, unas fotos del atardecer sobre el mar:




A lo lejos, la isla francesa de Córcega:


Caminamos por las murallas de la fortaleza. La mayoría estaban totalmente a oscuras, y no nos llegaba la luz de la ciudad. En un par de ocasiones casi caigo al vacío, pero mis instintos de casi ciego me salvaron la vida. Esto pasa por acostumbrarse a que en todas partes haya indicaciones de peligro: cuando no las hay, uno no termina de creerse que lo dejen caer tan fácilmente.



Cenamos en el restaurante de una viejecita italiana muy simpática. Cerca, una banda de música tocaba para nadie, en la oscuridad.

Ya se habían encendido todas las luces del pueblo:


En varias paredes había colgantes de este tipo. Tal vez sirvan para ahuyentar los malos espíritus. O sean un anzuelo para gigantes.


(Ahora, casi un año después, me doy cuenta de que seguramente eran para colgar la basura, y la botella es para que nadie se saque un ojo).

Nos fuimos a dormir. Al día siguiente seguiríamos hacia el este, en busca de la tierra prometida, de arenas blancas y mar turquesa. Pero, en realidad, a mí ya me alcanzaba con un pueblo así.


Al día siguiente continuamos hacia la costa este, la zona más lujosa de toda la isla, llena de playas de arenas blancas y aguas transparentes.