Google
 
Web En este blog

viernes, noviembre 27, 2009

París (2)

El último día del año, ya resignados a no volver a ver el sol hasta Barcelona, fuimos mi novia y yo a visitar la Torre Eiffel. Ya habíamos tenido lluvia y nieve. Hoy tocaba bruma.


Mientras caminábamos, nos asediaban los vendedores ambulantes con recuerdos de la visita. Lamentablemente, no había nada de variedad, ni de artesanal, en los recuerdos. Todos ofrecían exactamente los mismos llaveros con una Torre Eiffel pequeñita, seguramente fabricados en China, aunque muy bien hechos. Debería haber comprado uno.

Pasamos junto al museo de Orsay (¿o era el del Hombre?), que dicen que es muy recomendable, incluso más que el Louvre, pero que quedará para otra visita. Desde la terraza del Palais de C, la gente miraba la Torre.


Debajo de la torre, los jardines del palacio.


Cruzamos los jardines y el puente y llegamos a nuestro destino. Descubrimos que había unos 400 metros de cola, que dos de los ascensores (ubicados en las patas de la torre) no funcionaban, que quedaba sólo uno para subir y otro para bajar, y que el que subía de a ratos no llevaba a las plantas superiores. Es que la torre tiene tres niveles, y al comprar el ascenso hay que elegir si uno va a ir a la primera planta únicamente, o sólo a las dos superiores.


Es difícil apreciar la escala de la construcción en una foto, pero realmente impresiona por su altura. Creo que es además el edificio más alto de París, y en su cúpula hay una antena de radiodifusión. En los días claros, se la puede ver desde pueblos que están a decenas de kilómetros de distancia. Por la noche, un faro azulado gira 360 grados iluminando la lejanía.

Esta era la vista de la torre desde la cola, unas dos horas antes de finalmente conseguir entrar.


Esperar esas dos horas, dos horas y media, fue el momento más penoso de toda la estancia en París. Estábamos bajo cero, junto al río, con bruma y viento, casi estáticos, y mal abrigados. Daba un poco ganas de llorar, o de comenzar a matar franceses, no sé. Saltar en el sitio, o irse parando en un pie y luego en el otro, ayudaba un poco a evitar la gangrena. Estaba tan hastiado que con una mirada hice que un colado, que era un armario que pesaba el doble que yo, se arrepintiera y se saliera de la fila. Le hubiera pegado por menos, y eso que no soy violento. Pero ya hablaré del ambiente de hostilidad parisino.

No sé, al menos podrían hacer que la cola fuera en espiral, y rodeada por cintas, para que haya un poco más de calor humano y para que nadie se cuele. Justo en el momento en que estábamos por pagar, habilitaron el acceso a las plantas altas, que hasta ese momento estaban cerradas por la escarcha, así que nos apretujamos en el ascensor, que da un poco de vértigo.


Pasamos rápidamente por la primera planta sin frenar...


No me gustaría ser mecánico de la torre. Pensar que gran parte la construyeron en invierno, alimentándose con patatas hervidas... Como dice la frase, "no hay nada que no puedas conseguir teniendo imaginación, determinación, y una cantidad ilimitada de mano de obra barata".


Los techos parisinos son una de las cosas que más me gustaron de la ciudad. Dicen que, en la Segunda Guerra Mundial, la ciudad se rindió rápidamente para evitar ser bombardeada.



Algunas vistas más desde la segunda planta...



Todavía quedaba subir algo así como la mitad.


Después de comer algo ligero, subimos a la cima de la torre. La bruma era intensa, y el metal goteaba humedad, que el viento arrojaba sobre los pobres infelices que estaban todavía haciendo cola.




El Parc du Champ de Mars:




Después de un par de horas visitando la torre, bajamos y caminamos rápidamente para intentar recuperar algo de calor. Sí, el tema central de esta visita es el frío. Nos metimos en el primer restaurante cálido que encontramos, aunque no se pudiera fumar.


Ya se hacía de noche, y eran algo así como las 5 ó 6 de la tarde. Esta iglesia me gustó:


Era fin de año, así que se nos unió mi primo y fuimos a cenar a un excelente restaurante italiano, hasta que pasamos a estar en el 2009. Salimos a dar una vuelta por el Barrio Latino:


Después de tomar algo en un bar, regresamos al hotel. El metro era gratis, para evitar que la gente condujera borracha, lo cual me parece una medida muy inteligente. Como la borrachera parisina parece que dura mucho, el día siguiente también se viajaba gratis, aunque no nos enteráramos y la máquina aceptara gustosa nuestros tickets.

Por la mañana del primero de enero fuimos al Louvre, pero estaba cerrado, así que nos metimos en el metro y subimos a Montmartre, donde se encuentra la basílica del Sacré Coeur.



Unos minutos después llegó mi primo Lautaro, un campeón entre campeones:


Entramos a ver un poco cómo era la basílica por dentro.




Montmartre tiene fama de ser un barrio de artistas. Probablemente ya no lo sea, pero las plazas están llenas de pintores que intentan vender sus obras, algunas de ellas muy interesantes.


Comimos en un restaurante típico del barrio. Por típico en Montmartre se entiende un lugar agradable, con piano en vivo, y mesas tan juntas que es imposible abrir mínimamente los codos para comer. No pude convencer a mi primo de que tocara algo en el piano, pero a cambio descubrí la mustarda, una mostaza típicamente francesa que es muy fuerte y no se te va de la boca en horas.

Atravesamos caminando un barrio de moros. Nuestro objetivo era llegar al bar de frente al Pompidou, donde recordábamos con una lágrima en el ojo sus radiadores y sus ceniceros. Tapados con la bufanda hasta la nariz, pasamos frente al Moulin Rouge.


Otro edificio emblemático de la ciudad de las luces, las Galerías Lafayette (iguales a las de Mar del Plata):


Después de una dosis de calor y tabaco, nos echaron otra vez del bar, así que volvimos al hotel.


El último día lo dedicamos al Louvre, donde llegamos justo antes de que la cola duplicara su largo. En el centro, la polémica pirámide de vidrio, que en su momento casi desencadena una crisis política en Francia y que es central en El código Da Vinci. Funciona como entrada: las taquillas están justo debajo.



El museo es demasiado grande como para recorrerlo en un buen día. Así que, como buenos turistas, decidimos ir a ver la Monalisa y algunas otras obras de arte famosas. De hecho, la Monalisa es el gran hit, tanto que hay muchos guardias cuya única función es hacer que la gente circule. Resultó imposible sacar una foto frontal. De hecho, como es la única pintura protegida con un cristal que refleja, y la distancia mínima era de varios metros, no sólo no se la puede apreciar bien, sino que en realidad ni siquiera se la puede ver.


Aquí se puede ver a la gente apelotonada para verla (la pintura se encuentra a la derecha, fuera de cuadro). La única persona que triunfó fue una señora en silla de ruedas, a la que la dejaron acercarse hasta al lado.


Una pintura bastante macabra:


La Virgen de las Rocas, otra pintura central del libro de Dan Brown. Está un poco perdida entre otras, así que nadie la miraba, y estoy seguro de que más de uno quería verla, aunque sólo fuera por el libro.


La iglesia de los muertos vivos (y un poco metálicos, también):


Como dice Kundera, en pintura los niños sonrientes son siempre diabólicos. El autor checo explica que eso es porque antes se consideraba que cuando alguien ríe, deja de pensar, y no pensar es la puerta de entrada al diablo. También son curiosos los pechos de la mujer (los tiene de hombreras). Creo que el pintor no había visto una teta en su vida.


Este fue uno de los cuadros que más me gustó de la exposición. Me suena a Rembrandt. Creo que muestra las ruinas de un templo pagano, de esos que han derribado por toda Europa para poner una iglesia encima.


Y con esto termina la visita al Louvre. La verdad es que no me gustó demasiado como museo. Aunque puede deberse al cansancio y al hambre, creo justo criticar que el museo se rige más por el principio de acumulación que por un criterio estrictamente estético. Hay salas enormes que tienen un cuadro idéntico al otro. Por ejemplo, hay tres salas enormes dedicadas a la pintura del XIX de Francia (¿o era Inglaterra?). Todos los cuadros son religiosos, y en todos ellos hay un personaje importante pintado en un azul francia casi fluorescente que no tiene nada que ver con el resto de los colores utilizados. Y uno recorre decenas de artistas, y todos con los mismos principios artísticos. Con media sala alcanzaba. Seguro que tienen en el depósito cuadros mejores. También es notoria la carencia de autores españoles: sólo tienen un par de cuadros perdidos en un rincón. Por supuesto, descubrí algunos cuadros espectaculares que no conocía en absoluto. Pero creo que hay demasiada paja y poco trigo.

Y ya que estamos con las opiniones cuestionables, terminaré el post sobre mi visita a París comentando una de las cosas que más me llamó la atención. Todos vimos por la tele los incidentes en los suburbios parisinos, con miles de coches quemados, de hace ya varios años. Los suburbios, auténticos commieblocks, hablan claramente de falta de integración y hasta discriminación. Esto también se nota en otras ciudades, como Amsterdam o Bruselas, por ejemplo.

Pero en París había algo diferente, palpable en las miradas, en la forma de caminar, y en cierta falta de civismo. Había resentimiento, había agresividad, había miradas desafiantes, como quien busca pelea. En ninguna ciudad europea había sentido tanta hostilidad general (ni la he vuelto a sentir desde entonces, y hasta se me contagió un poco durante mi visita). No sé cuáles serán las culpas de la sociedad francesa, según dicen se debe a que los inmigrantes musulmanes de primera generación aceptaban mansamente tener menos derechos que los nativos, mientras que la segunda generación, la actual, no acepta la situación. Puede ser. Pero, en breve, me pareció una sociedad con algunos problemas. Mientras caminaba por sus calles, pensaba que si la relación entre hostilidad y coches quemados fuera proporcional, en Argentina irían todos en bicicleta. En cualquier caso, otra vez, sigo prefiriendo la vida en Barcelona.

jueves, noviembre 26, 2009

París

El fin de año pasado, luego de pasar las Navidades en familia en Barcelona, mi novia y yo nos fuimos a París (en Cataluña normalmente se pasa el año nuevo con la pareja o con amigos). Además, mi primo estaba viviendo allí, así que era un buen plan.

Llegamos el 29 de diciembre al aeropuerto Charles de Gaulle, el más importante y más cercano a la ciudad. Hay otros aeropuertos mucho más lejanos, y que normalmente son el destino habitual de los vuelos baratos, pero esta vez tuvimos suerte.

En el centro del edificio había unas curiosas escaleras mecánicas metidas en tubos transparentes, y con una colocación que parecía bastante caprichosa.


Aunque es el aeropuerto más cercano, llegar a París no es nada barato: unos 8 euros en tren y una hora de viaje por los pueblos de las afueras. Como llegar al aeropuerto de Barcelona cuesta sólo 0,70, estas cosas siempre me parecen caras.

Hacía un frío increíble, y, como siempre, había llevado ropa de menos. Así que me puse todo lo que tenía, me arrepentí de no haberme traído un pantalón del pijama para ponérmelo debajo de los jeans, y salí a la calle. Tomamos algo con mi primo Lautaro, al que no veía desde hace meses, y salimos a dar una vuelta por ahí.

Pasamos junto a la Ópera de París, que, según dicen, es igual al Teatro Colón de Buenos Aires. O más bien al revés.


Me encantan esos rostros difíciles, de película, que sólo pueden encontrarse en Francia, como el de la señora que espera a cruzar en la siguiente foto.



Una desventaja de viajar en diciembre a París es que los días son muy cortos. Así que, aprovechando los últimos momentos de luz, nos dirigimos hacia el Louvre. Pasamos junto a un hotel iluminado con muy buen gusto.


El Louvre, al otro lado de la calle. La pirámide está metida hacia la izquierda, así que no la descubriría hasta un par de días después.


El Louvre es realmente inmenso. Todo lo que se ve arriba es museo. Y no se ve ni la mitad de lo que es. Aquí, una foto de una de sus esquinas. Si hay medidas de seguridad, no se las ve. Pero hacía demasiado frío como para intentar llevarme la Monalisa de souvenir. Otra vez será.


Como no eran horas de entrar al museo, nos fuimos hacia el Sena. Pasamos por el parque de las Tullerías.


Junto al río, la combinación de frío y humedad se hacía insoportable. Se sentía el frío ascender a través de las suelas de las zapatillas (bambas). Así que fuimos, un poco tambaleantes, a buscar la primera avenida llena de gente que pudiéramos encontrar.


Y la encontramos. Empezamos a caminar por la avenida de los Campos Elíseos hacia el Arco de Triumfo. En el primer Benetton que vimos compramos unos gorritos de lana, para ver si las orejas tenían salvación. Nos quedamos un rato paseando por dentro: la calefacción francesa funciona muy bien.


Después de juntar un poco de coraje, seguimos caminando y llegamos al Arco de Triunfo.


No recuerdo muy bien qué hice por la noche. Sí que el ascensor del hotel era tan pequeño que para entrar dos personas tenían que ir abrazados, o al menos tenerse mucha confianza. Lo recuerdo bien porque para fumar, como es común en cada vez más países europeos, había que salir a la calle. Por eso muchos bares tienen unas mesas fuera que están bajo techo, completamente rodeadas de vidrio y con bastante calefacción. Con suerte, es casi como estar dentro, pero legalmente el gobierno no puede impedir que fumes en ese "afuera".


El día siguiente fuimos temprano a Notre Dame. Me sorprendió descubrir que está situada en una isla en el medio del Sena. Mientras cruzábamos un puente pasó uno de esos barcos de los que digo que me voy a subir y nunca me alcanza el tiempo.


Debo admitir que los puentes parisinos no me parecieron tan románticos como dicen. Seguramente mejoran en primavera. De todas maneras, no están nada mal.


Un par de fotos a vaya uno saber qué. ¿La Conciergerie?


¿Sainte Chapelle? ¿L'Hôpital? Hay muchos edificios para ser una isla tan pequeña.


Primer acercamiento a Notre Dame. Prometía haber cola pese a la llovizna.


Una vez dentro, dimos la vuelta interior, como corderitos, ovejitas, o cualquier tipo de ganado. Íbamos tan apretados que si saltábamos nos quedábamos flotando en el aire, sostenidos por la humanidad.


Pasamos junto al actor principal, o tal vez un cura, o ambos a la vez.


Aquí vemos a los espectadores, sentados en unas butacas bastante incómodas (dicen que antes la entrada a la función era gratis). De todas maneras, la sala tenía buena acústica. Pero el actor hablaba bajito, y en francés, así que no me enteré de qué era la obra.


La mayor atracción turística de la catedral es su torre: las vistas desde arriba son espectaculares. Por supuesto, estaba en obras, así que no pudimos subir.

Aquí la parte trasera de Notre Dame. Como en las iglesias de los Países Bajos, me gusta mucho más que la entrada.


Mientras nos alejábamos de la catedral, kilómetro 0 de las rutas francesas, simbólicamente el corazón del país, comenzaron a caer copos de nieve sobre la ciudad, y eso que dicen que es casi imposible que nieve en París. Caminamos un rato por el Barrio Latino, el Boulevard Saint-Germain, hasta llegar al Panteón.


Enfrente, la Sorbona "central".


La Mairie Du 5e Arrondissement (creo que no es más que la sede del 5to distrito):


Ya eran casi las cuatro de la tarde, y aquí el agua seguía congelada. De hecho, aquí se iba congelando con lo que salpicaban los leones.


Pensé que era una escuela importante. Pero tal vez no lo fuera.


L'Hôtel de Ville. Delante habían montado una pista de patinaje sobre hielo.


En las calles cercanas había mucha actividad, y creo que fue entonces cuando descubrimos nuestro bar favorito, situado enfrente del Pompidou y con un "afuera" bastante hermético y calentito. De hecho, las dos veces que fuimos nos tuvieron que echar, es que ya nos pasábamos de transgresores (a las 19:30, qué noche loca...).

Sin el calor de los radiadores, nuestra caminata por la calle duró poco y nada. Nos refugiamos en el metro, yendo hacia el hotel. Dicen que en París el metro huele mal, por tanta cañería podrida. Es verdad (¡y lo que será en verano!).

Bueno, en otro post continúo con los últimos tres días en París, que incluyen la Torre Eiffel, el fin de año, el Louvre, alguna cosa más, y hasta prometo atreverme a volver a hablar de cosas que no comprendo del todo, como el tema de la tensión racial parisina.

miércoles, noviembre 04, 2009

Espectáculo de fuego en el Talladell

Cada año se realiza la Fira del Teatre en Tàrrega (un pueblo de 15.000 personas en la provincia catalana de Lleida). Es un fin de semana durante el cual se organizan una gran cantidad de espectáculos teatrales de todo tipo, gratis y pagos, bajo techo y a cielo abierto, experimentales y más "tradicionales". El año pasado aproveché para ir a un pueblo vecino muy pequeño, llamado el Talladell, cuyas calles habían sido decoradas para una puesta en escena de un grupo alemán. El espectáculo consistía en recorrer sus calles, observando miles de macetas en llamas.


El mundo también estaba en llamas:


Diseminados por aquí y allá, había músicos tocando algo más bien zen.



Lo más sorprendente de la obra era un árbol de macetas cuyas ramas se abrían y cerraban. En el momento en que todas las ramas estaban en posición vertical, un potente chorro de gasolina creaba una llamarada espectacular. Se lo puede ver en este humilde vídeo (grabado con una camarita de fotos que no se lleva bien con la oscuridad). Aviso que el que está haciendo el tonto frente a la bola de macetas no soy yo (esta vez)...



Barrios de Barcelona

Una de las consultas más frecuentes que recibo en mi correo es en qué barrio de Barcelona conviene vivir, o cuáles son sus diferencias. En efecto, Barcelona es muy variada, y sus posibilidades abarcan desde barrios medievales a urbanizaciones recientes, desde zonas junto al mar hasta edificios colgados de la montaña, desde grandes ratoneras hasta mansiones con piscina. Intentaré aquí hacer un breve resumen sobre las zonas más importantes, apoyándome en este mapa (que se puede ver en grande haciendo clic sobre él):


Antes de comenzar, aclararé que "abajo" es la zona más cercana al mar, y "arriba" es la parte más alejada, que suele coincidir con la zona de montaña que rodea a Barcelona.


Distritos de Barcelona

1: Ciutat Vella: su nombre no significa "Ciudad Bella" (aunque lo es), sino "Ciudad Vieja". Es el casco antiguo de la ciudad. Está atravesado y dividido por Las Ramblas y por la avenida Laietana en tres partes (Raval, Barrio Gótico y Borne). Por debajo, termina en el primer puerto y en el barrio de la Barceloneta. Las diferencias son importantes, así que haré una subdivisión:

1.1: Raval: antiguamente, era el barrio para los pobres, ubicado fuera de las murallas. A principios del siglo XX era un barrio de músicos, cabarets. Hoy día es probablemente el barrio más multiétnico de todos, donde conviven pacíficamente paquistaníes con nórdicos. Las construcciones son en general muy antiguas, y transitar en coche es prácticamente imposible. Hay gran variedad de restaurantes de todos los rincones del mundo. También es el barrio de la prostitución en la calle, de los locutorios y de la venta de móviles (celulares) a bajo precio. También está lleno de bares y de vida nocturna. Finalmente, es posiblemente la zona con más hostales de toda la ciudad. En medio del barrio se encuentra la Rambla del Raval. Aquí también se encuentran el MACBA (Museo de Arte Contemporáneo), el Museo de las Drassanes, y aún hoy conserva comercios centenarios. Los precios para alquilar varían según el estado del inmueble, aunque por ser uno de los sitios mejor comunicados por transporte público de la ciudad tienden a ser un poco elevados.

1.2: Barrio Gótico: el barrio más antiguo de Barcelona, contiene la Catedral, restos de murallas, el muy recomendable Museo de Historia, junto a otros museos y sitios históricos. Tiene calles aún más estrechas que en el Raval, y hay alquileres baratos pero en construcciones muy antiguas (o sea, casi sin ventanas, y bastante inhóspitas). Tiene muchos bares y discotecas (aunque más orientadas al turista), y también está muy bien comunicado. Me parece que viven muchos argentinos en este barrio, sobre todo los que buscan alquilar barato.

1.3: El Borne: es muy similar al Barrio Gótico, pero es uno de los sitios más caros para alquilar de Barcelona, ya que muchos de sus pisos han sido refaccionados, y si bien conservan la fachada, por dentro están hechos a nuevo. Tiene muchas tiendas temáticas y rincones secretos. También tiene discotecas, museos, y el impactante Palau de la Musica. Enlaces: 1.

1.4: Barceloneta: este barrio, pensado a principios del siglo XX para alojar pescadores y obreros, es muy particular por sus manzanas muy estrechas y alargadas. De hecho, no se parece en casi nada a los otros tres. Tiene playa, además de algunas de las mejores paellas de la ciudad, y aún conserva cierto espíritu de pueblo. No tengo mucha idea del valor de los alquileres. No es un barrio bien comunicado, ya que no tiene prácticamente sitio en la calle para dejar el coche y además sólo hay una estación de metro en su extremo norte (además, es la línea amarilla, una de las menos útiles de todas).

2: Eixample: cuando hacia el 1900 se diseñó la ampliación de Barcelona, se decidió que este barrio (el "Ensanche") fuera cuadriculado, con manzanas de 200 metros por cada lado. Es una zona llana de Barcelona, con edificios de hasta 7 plantas de altura, calles bastante anchas y varias líneas de metro. Por la época en que se levantaron los edificios, pasear por sus calles recuerda muchísimo al centro de Buenos Aires. Los pisos (departamentos) son grandes, con balcones y varias habitaciones, lo cual los hace muy caros para una sola persona, pero por eso mismo abundan las habitaciones en alquiler. Incluye La Pedrera (2), la Casa Batlló y, sobre todo, la Sagrada Familia (1) junto al Hospital de Sant Pau.
Link
3: Sants Montjuïc: Montjuïc (1 2 3 4 5) es un monte lleno de parques, museos y demás, del cual sólo se puede habitar la ladera sur (la Zona Franca, un sitio a evitar) y la ladera norte (el Poble Sec). El Poble Sec es un barrio de montaña, con unos cuantos pisos pequeños. Sants, "arriba" del Mont Juïc, es muy parecido al Eixample. En los dos barrios hay una proporción elevada de inmigrantes. El Poble Sec tiene dos líneas de metro, mientras que la zona de Sants es una de las mejores comunicadas de la ciudad (con tres líneas de metro, y una estación que es parada obligatoria para todos los trenes que atraviesan Barcelona).

4: Les Corts: es una zona que va desde pisos y calles similares a las de Sants (en la parte de "abajo") hasta edificios caros y hasta mansiones. En esta parte de "arriba" también hay algo de metro, pero mucha gente se mueve en coche, y me arriesgaría a decir que es un barrio con gente que hace unas cuantas décadas llegó a la ciudad y consiguió hacer algo de dinero. No es una zona que conozca mucho, ni que me agrade particularmente. En la parte de "abajo" es bastante llana, con algo de vida de barrio, y tranquila. La zona de Pedralbes es muy fría para mi gusto, sin casi comercios ni bares, y tiene un par de parques que la gente que vive por allí no utiliza.

5: Sarriá - Sant Gervasi: es la antigua zona residencial para ricos, tiene pisos muy lujosos y, cerca de la sierra que bordea Barcelona, algunas mansiones. Tiene algunas calles muy empinadas, poca vida de barrio (aunque muchas oficinas), y el transporte público es muy reducido (de hecho, todavía no tiene metro, sólo los ferrocarriles catalanes, que no funcionan después de las 23). Alquilar una habitación allí es caro, mucho más un piso entero.

6: Gràcia: hace más de cien años, Gràcia era un pueblo cercano a Barcelona. Ahora es uno de sus barrios más antiguos (junto con los de la Ciutat Vella). Con calles estrechas, ir en coche por sus calles es bastante complicado (y estacionar barato, imposible). Tiene muchos bares, y es probablemente el centro de la vida nocturna de la ciudad durante todo el año salvo el verano. Tiene pocas discotecas, eso sí. Hay muchos restaurantes de todo tipo, y aloja las mejores fiestas de calle de Barcelona. Los alquileres son caros, pero es un barrio muy bien comunicado, ya que lo rodean tres líneas de metro (próximamente cuatro), todas las líneas de los ferrocarriles catalanes, y además está en el centro geográfico de la ciudad. Finalmente, está lleno de argentinos, incluyéndome a mí.

7: Horta Guinardó: es un barrio construido para albergar a la gran inmigración que hubo de otras partes de España hace ya varias décadas. En el centro del barrio se encuentra el Guinardó, que le da a toda la zona un relieve montañoso e impide que sea cuadriculada como en otras zonas de Barcelona. Alberga el Parque Güell (1 2). Los pisos son bastante grandes, con paredes que permiten disfrutar de las fiestas de los vecinos hasta altas horas de la madrugada. Los precios son intermedios. Cuando no hay fiesta, es una zona muy tranquila por la noche. Durante el día hay mucha vida de barrio. Personalmente, es una zona en la que me gustó mucho vivir. Es importante vivir cerca de una línea de metro. Caminar mucho rato es cansador, debido a la elevada inclinación de las calles (además, gran parte de los edificios carecen de ascensor). Enlaces: 1 2 3 4.
Link
8: Nou Barris: muy similar a Horta Guinardó, pero un poco más llano. Hay algunas zonas mejores que otras.

9: Sant Andreu: muy similar a Nou Barris y Horta Guinardó, pero en llano. Es una zona muy grande, es importante tener el metro cerca.

10: Sant Martí: está dividido en dos partes. La de arriba se parece al Eixample, y muchos pisos en alquiler en la zona de La Sagrera, que está bien comunicada. Con respecto a la parte de "abajo", después del Parque de la Ciudadella, la zona más cercana al centro tiene una zona destinada a las empresas de tecnología, próxima a la Torre de Agua. A medida que nos acercamos al Besòs, la calidad de la convivencia, si se me permite el eufemismo, va decayendo. Si el precio del alquiler es muy barato hay que sospechar. Además, la parte cercana al mar no está muy bien comunicada, ya que el tranvía y la línea amarilla son prácticamente inútiles sin hacer transbordos.


Fuera de Barcelona

Hospitalet de Llobregat: parecido a Sants, con aún más inmigración. Está bastante bien comunicado (aunque estar fuera de Barcelona siempre se paga con unos minutos cada día). Es una ciudad muy extensa y llana.

Cornellà: aloja a muchos inmigrantes de pocos recursos, y es bastante tranquilo.

Badalona: tiene zonas bastante chungas, con pisos-patera (departamentos donde duermen todos los que puedan caber) y otras bastante bonitas. A mí me gusta la zona cercana a la playa. Tiene una línea de metro (en unos años tendrá otra más) y una de cercanías, lo cual es un poco limitante. Los alquileres suelen ser baratos.

Sant Cugat del Vallès: es el nuevo refugio para ricos. No suele haber alquileres, y los pisos son de los más caros de toda España.

Santa Coloma: no he estado nunca, pero tiene fama de lugar "complicado" (no sé si es sólo porque antes realmente lo era, o si hoy día esa fama sigue siendo justa).

Sabadell: se ofrecen muchas habitaciones en alquiler en esta ciudad a unos 40 minutos en tren desde Barcelona, que no tiene playas y es más bien desoladora. Yo me pensaría dos veces si el ahorro compensa el tener que esperar el tren todos los días para bajar a Barcelona. Con coche está bien comunicada, aunque para eso yo elegiría un lugar con playa o montaña.

En general, los pueblos y ciudades cercanos a Barcelona, salvo los que están en mar o montaña, comparten un mismo estilo, debido a la época de construcción. Las diferencias entre El Prat, Hospitalet, Cornellà, Sant Feliu, Esplugues y otros no son arquitectónicas, sino de tiempo de transporte público. Los autobuses urbanos son muy lentos en Barcelona, y los trenes y ferrocarriles sólo funcionan hasta las 23, así que mucha gente comienza viviendo cerca de alguna estación de metro.