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miércoles, agosto 23, 2006

Cantabria (2)

Durante la primera mañana, di con Goyo una vuelta por el centro de la ciudad, donde conocí la veterinaria de Mery, una de sus hermanas. Aunque mis zapatillas seguían mojadas y hacía frío, me gustó mucho el paseo. Lamento no haber tomado más fotos:

Una plaza de Reinosa, probablemente la central:


Canal por donde baja (creo que) el río Ebro, con poco caudal ahora:



Si no recuerdo mal, esa mañana conocí a algunos amigos de Goyo y fuimos a una taberna muy vieja, con suelos de madera antigua y no barnizada, como las que con un poco de suerte se pueden encontrar todavía en la Pampa argentina, y de las que al parecer en Cantabria quedan sólo unas pocas. Iríamos seguido a esa taberna, y en ella, al día siguiente, vería nuevamente a Julio y conocería a Uki (Julio hijo) y su familia. No me gusta escribir sobre otras personas sin que ellas lo sepan, así que todo lo que diré es que todos mis parientes de Cantabria son extremadamente simpáticos, y muchos de ellos son además verdaderamente divertidos. Yo no había previsto que me pudiera sentir tan cómodo entre ellos, conocerlos fue genial, y luego me quedaría con ganas de estar más días allí.

Barrio típico de Reinosa:



Ese mismo día, por la tarde, llegó con un día de anticipación Fernando, hermano de Goyo, con su novia. Venía conduciendo desde Granada, y en vez de pasar la noche en Madrid sólo se detuvo y luego siguieron viaje hasta Reinosa.

Como me estoy dando cuenta de que resulta imposible recordar en qué día hice qué cosa, contaré simplemente algunas de las cosas que hice en el viaje y cómo es la forma de vida allí.

Una tarde Fernando, Goyo y yo subimos hasta lo más alto de una montaña que en invierno es un centro de esquí. El frío que hacía en ese lugar era impresionante, no sólo por la temperatura (que veíamos cómo descendía con el sensor del coche), sino porque ese era el punto exacto por el que el viento de una ladera pasaba a la otra. Luego vería fotos de ese lugar en invierno, es impresionante la cantidad de nieve que se puede acumular ahí. La mayoría de los caminos quedan completamente sepultados por la nieve, y los más importantes son desenterrados constantemente por unas máquinas muy avanzadas que no sólo quitan la nieve sino que además la modelan: arriba tienen un tubo por el que expulsan la nieve hacia los costados del camino, y utilizan un sistema que crea unos paredones perfectamente lisos y verticales a los lados. Como resultado, en una de las fotos se podía ver una carretera que avanzaba como una trinchera, con dos paredes blancas a los costados de al menos 5 metros de altura (casi duplicando la altura de la máquina). También parece ser que, cuando ya se ha acumulado demasiada nieve, tienen que utilizar otras máquinas más livianas que van por encima de la nieve rebajando el nivel. Con esta técnica en algunos casos forman verdaderos escalones de nieve en las laderas, cada escalón con más de un metro de alto.

Vista desde lo cima de esta montaña (a la que se accede en coche):








El mismo día fui a conocer el castillo de Argüeso, cuya existencia documentada se remonta al siglo XIII, aunque se han encontrado debajo restos de una fortificación previa. Este castillo se utilizaba al parecer con fines de control, no defensivos. Dentro había dos exposiciones, una sobre la nieve en el Valle de Campoo (parte de Cantabria en la que se encuentra Reinosa), y la otra con las pinturas de un artista que estaba allí aburriéndose detrás de su portátil.






Ese mismo día, también fuimos a Fonibre, un pueblo cercano a Reinosa donde nace el Ebro, surgiendo de entre las piedras. El lugar es sombrío y muy silencioso (sólo se escucha el fluir del agua), era ideal para acostarse boca arriba y dejar pasar las horas sin hacer nada. Lo que no me gustó demasiado es la explotación religiosa del lugar, ya que al costado hay un pequeño altar a una virgen, y en el medio del río (que apenas nace ya es ancho) hay un pilar con una estatuilla representando a la misma virgen. Han querido hacer de un sitio tan agradable un lugar de recogimiento, y si bien el sitio es apropiado para eso (por su silencio y oscuridad), hubiera preferido que no pusieran íconos religiosos en él.

A lo largo de la ribera izquierda hay mesas y bancos de madera, para quien quiera hacer un picnic allí. A apenas 200 metros del nacimiento ya hay unos rápidos. Este río desemboca luego de algunos kilómetros en el "pantano" (una represa, el nombre de pantano es equívoco, lo que se forma es un lago), donde he dicho que se encuentra sepultado el pueblo de mi abuelo, y luego sigue su camino hacia el este de España.

Lamentablemente, aquí las fotos más interesantes me salieron movidas.

Parado en el medio del río, mirando hacia el altar de la virgen. Debajo, rodeado por cinco rocas, se ve el lugar donde mana el agua del río. Al manar desde abajo sólo se ve la turbulencia que produce:


Desde el mismo lugar, pero mirando hacia donde continúa el río:



Otro día acompañé por la mañana a Goyo al campo de golf de la zona, que pese a la poca población que hay tiene 18 hoyos (y por eso es envidiado por la gente de ciudades como Santander, que tiene que esperar para poder jugar). No jugué, está claro (puedo pegarle a la pelotita, pero no que haga más de 10 metros), aunque de todas maneras fue muy interesante. Jugar al golf en este campo es realmente muy barato: por ejemplo, la canasta con pelotitas de práctica cuesta un euro.

Foto de una isla del campo de golf de Nestares. Como el campo no debe ser demasiado viejo, todavía los árboles son pequeños:



También fui una noche a un par de bares con Goyo, Fernando y su novia, y hasta bailé. La música no es tan mala como me habían anticipado, pero dejan los temas completos y cuando funden una canción con otra es aún peor que cuando no lo hacen. La bebida es muy barata y de muy buena calidad.

El resto del tiempo lo pasé dando vueltas en coche, yendo a restaurantes, cafeterías y bares. En Reinosa se come y se beben aperitivos desde que te despiertas hasta que te acuestas. Llegas a un lugar, pides un Martini Rojo o algo así, comes algo, y entonces te vas a otro lugar diferente (que puede estar a muchos kilómetros de distancia) a hacer lo mismo. Creo que jamás comí tanto en mi vida, y sin repetir ningún plato. Probé mejillones al ajillo, anchoas con pimientos (morrones), tiras de cordero, tortilla francesa, jamón ibérico, y muchas otras cosas que no recuerdo. Todas me gustaron, está claro que algunas más que otras, aunque por esta vez preferí pasar de las morcillas a la no-sé-qué. Recuerdo con especial cariño a las aceitunas La Española, las mejores que probé en mi vida (aunque a los de allí les parecían regulares). En cuanto al alcohol, un día llegué a tomarme a lo largo de todo el día cinco aperitivos, vino con las comidas, y tres tragos. De todas maneras no vi en ningún momento, ni siquiera en la discoteca, a nadie borracho.

En la zona hay mucha gente mayor a los 30 años. La gente más joven normalmente estudia en Santander, y cuando termina los estudios se queda a trabajar allí o se va a Madrid o Bilbao. Los que se quedan trabajan pocas horas (con horario cortado), llevan un ritmo de vida tranquilo y siempre tienen coche (y lo usan mucho). Pese a este éxodo, muchas personas al jubilarse regresan a la zona. Hay muchos turistas, especialmente en invierno, aunque casi todos son españoles, porque Cantabria no hace mucha publicidad turística, y tal vez porque por sus temperaturas no es el destino más adecuado para el aquí famoso "turismo borracho", que consiste en ser rubio, hablar otro idioma, viajar al lugar con más calor de toda España, y emborracharse todas las tardes (sobre todo los hombres) o las noches (hombres y mujeres). De turismo cultural, poco.

Para regresar a Barcelona Goyo me llevó a Santander, y allí subí a un autobus lleno de mujeres vestidas para matar. Mi compañera de asiento me explicó que esa noche eran las fiestas de Bilbao, así que ella pasaría la noche allí y regresaría al día siguiente. Así que en el País Vasco lamentablemente se bajaron todas del autobus y fueron reemplazadas por moros y africanos. A mí me había tocado un asiento de ventanilla, y a mi derecha se sentó un moro muy gordo y bastante sudado. No pude evitar sentirme acorralado durante todo el viaje, mientras el codo transpirado de mi compañero sobrepasaba el apoyabrazos y oscilaba a sólo un par de centímetros de mí. Además, los asientos de Alsa (la empresa de autobuses) son realmente muy angostos, así que cuando el que viajaba delante reclinó el asiento y mis rodillas quedaron trabadas ya no pude hacer otra cosa que contar los minutos que faltaban para llegar a Zaragoza primero (donde paran 40 minutos) y a Barcelona después. La próxima vez viajo en avión. Para colmo, como no quedaban pasajes para autobuses diurnos, no pude ver nada del paisaje.

Cuando llegué a Barcelona ya eran las 6 de la mañana del domingo 20 de agosto, mi último día de vacaciones, y pude por primera vez quitarme el pulóver. Espero poder ir nuevamente a Reinosa, tal vez en invierno así también aprovecho la nieve.

Al día siguiente, como la sucursal en la que yo trabajo estaría cerrada también toda la semana (todos tuvieron tres semanas de vacaciones, menos yo, que tuve dos semanas, y dos días que me guardé para más adelante), tuve que ir a la sede central de la empresa. Aunque allí la oficina está compartida con otros, la verdad es que no hay casi nada de trabajo (mucha gente está de vacaciones allí también), no me gusta mucho que los dueños estén tan cerca, aunque estar cerca a treinta teleoperadoras suecas es muy interesante. Los otros "informáticos" que hay allí son muy agradables, tanto que suelo quedarme después de hora, no porque haya algo para terminar, sino para charlar.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola de nuevo, aquí tampoco puedo dejar de contestarte. Estamos al 100% de acuerdo. Yo procedo del sur y hasta hace poco he vivido durante cuatro años en Santander. En mi otro comentario te dije que lo de "Cataluña primera región de España" había pasado a la historia. No me digas que Cantabria, siendo una tierra tan montañosa, no es un ejemplo de como debía ser toda España. Tan limpia, tan cuidada, tan civilizada. Y te puedo asegurar, que, lamentablemente, y dicho por habitantes de Reinosa, aquella comarca es una de las más olvidadas de Cantabria. Te animo a realizar otro viaje por el norte de España y visitar tantos pueblos y paisajes interesantes que hay en Cantabria, como Cabuérniga, Cabezón, Fuente Dé y por supuesto mi añorada Santander. jesmadrid.

Fernando del Valle dijo...

Hola,

Estoy de acuerdo, Cantabria es un ejemplo. De hecho, si estuviera casado y pudiera trabajar en algún pueblo de la zona, me encantaría vivir allí. Barcelona me gusta mucho también, y me sería muy difícil no tener playa en verano (mi ciudad de origen está sobre el Atlántico), pero pasar el resto del año en un pueblo de montaña sería genial. No sé si el sur de Cantabria es una zona olvidada, recuerdo tener una doble sensación: primero, que para ser una zona montañosa estaba incomparablemente más desarrollada que zonas equivalentes de Argentina (además de ser el lugar más limpio y ordenado que jamás haya conocido), y segundo, que el turismo no estaba lo suficientemente fomentado. Por ejemplo, el lugar del nacimiento del Ebro es hermoso, pero pese a ser un día de semana en pleno verano no había cerca ni un solo bar abierto. Y los lugares donde comí, siendo diferentes entre ellos, daban todos una sensación de calidez y hogar atrapante. Tal vez porque no estaban diseñados para el turista, sino para el residente. Pensándolo mejor, casi prefiero que la zona de Reinosa no se desarrolle turísticamente, aunque sea por motivos egoístas...

Saludos !!!

Asturiano dijo...

Fernando he contestado algunos de tus post con retraso porque me parecieron muy interesantes.Me da pena que que con ese apellido F,del Valle tan santanderino no estes trabajando en santander y con tu segunda casita en una playa o monte de la Montaña.Una persona con origenes tan cercanos en Catanbria o Asturias que esta a lado sabe que eso es un paraiso.Quiza un poco aburrido Reinosa siendo muy joven pero Santander Capital si tienes trabajo es una maravilla.Te deseo que lo consigas y dejes barcelona que como pasa con madrid son ciudades de aluvion con poca calidad de vida salvo para millonarios que pueden vivir en varios sitios a la vez.Me gustaria conocer la referencia de tu otro post dedicadao a Argentina porque tus impresiones son muy interesantes.Por ultimo una sugerencia visita la costa de Cantabria desde Castro urdiales a S;Vicente de la Barquera,pasando por la maravilla de Santillana del Mar y Comillas etc etc y sigue luego por Asturias y no olvides que si te gusto Reinosa la tierra de tus padres hoy es la zona menos cuidada y que la costa te parecera maravillosa.Un saludo muy cordial.

Anónimo dijo...

por fin encontré un comentario sobre cantanbria, y sobre todo las opiniones de los cantanbros sobre el blog. POr otra parte le diría al blogger que lo del autobus lleno de moros y africanos le ha quedado muy xenofobo. Si tienes raices españolas te recomendaría leerte un poco de historia , que seguramente te sorprenderás de saber que en tus venas corre sangre mora, y si te sientes avergonzado conocer la civilización árabe sólo te podría llenar de orgullo. Que viva la diversidad!!!!!!!

Fernando dijo...

Anónimo:

No creo que mencionar el origen de una persona en sí sea xenófobo, sí lo es asignarle rasgos negativos a una comunidad, como si todos fueran iguales. Creo que no he hecho esto. En el autobús había moros, africanos, y al menos un sudamericano (yo). Tal vez la palabra moro suene mal para algunos, pero yo honestamente no sé distinguir países de origen. Además es una palabra muy antigua, ya aperece en el Quijote.

Creo que las palabras "moro", "sudamericano", "africano", "europeo", no tienen en sí un contenido negativo o positivo, y por eso utilizarlas no es racista. Sí lo es decir que todos los X son una mierda, por ejemplo. Pero no he hecho esto.

Algún día, alguien dirá "había muchas mujeres en la cola del baño" y lo acusarán de machista, aunque sólo quiera decirle a su novia que la espera será larga.

Mi intención era mostrar que un autobús puede ser una mezcla de culturas, y aunque no lo aclaré, el hecho de que mi compañero de asiento fuera gordo y moro era importante porque yo estaba contra la ventanilla, los asientos eran pequeños, quería ir al baño y él no hablaba español ni inglés.

Viva la diversidad. Viva Barcelona.

Saludos!!!

Fernando